Elvis&Nixon: un presidente y un rey… o Donald Trump

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No recomendada para menores de 13 años

En la cuarta temporada de House of Cards, el presidente Frank Underwood dice que desearía ser Richard Nixon. Sueño cumplido, gracias a Kavin Spacey. El actor parece haberle encontrado el gusto al despacho oval. Si como Frank Underwood tardó una temporada en conquistarlo, ahora se aferra a la mesa presidencial disfrazado de Nixon.

Spacey parece haber querido aprovechar el tirón de House of Cards para darse espacio de nuevo en la comedia y eliminar un poco de esa seriedad psicótica de Underwood. Ahí están los dos productos que nos brinda en esta temporada: Elvis&Nixon, y Siete vidas. Si en la segunda parece más anclado a los gestos del presidente Underwood, en la primera consigue separarse de este y hacer de Nixon un guiñol torpe que acaba provocando ternura.

Estamos en diciembre de 1970, y en la cúspide de Estados Unidos persisten dos hombres que vienen de la nada. Una foto inmortaliza el encuentro entre ambos; es la imagen más solicitada de los archivos nacionales, más incluso que la del hombre en la Luna. Y ahí se ve el interés de la gente por las cosas… Se trata del presidente Nixon y del rey del rock, Elvis Presley, encajando sus manos en la Casa Blanca; la extraña pareja. Parecen contentos. «¿Quién demonios preparó esto?», pregunta Nixon en la cinta.

La película desmitifica sin ensañamientos dos mitos de Estados Unidos justo antes de estrellarse definitivamente, uno por causa de la droga, el otro por el famoso caso Watergate. El hecho que los protagonistas no se parezcan a los originales ayuda a no perderse en imágenes previas. Así, el film consigue ser una sátira política demócrata que llega incluso a la crítica política actual. ¿Es Trump la síntesis imposible entre Elvis y Nixon? Maravilloso, por disparatado, es ese momento en que Nixon afirma que el conflicto de Siria e Iraq es culpa de los comunistas, léase demócratas.

Para escribir la fantasía de lo que pudieron decirse Nixon y Elvis en la entrevista, los guionistas aprovecharon todo el material disponible: las fotografías del encuentro; la carta de Elvis; el libro que Egil Krogh, ayudante de Nixon y fan de Elvis, escribió sobre la extraña reunión; así como Elvis and Me, libro escrito por Priscilla Presley tras el divorcio con el cantante. El resultado es casi un plagio, aunque mucho más digno, de Elvis Meets Nixon (1998), comedia alocada con Bob Gunton haciendo de presi, y Rick Peters haciendo de rey.

La película consigue generar un diálogo plausible entre las dos figuras, aunque haya que esperar a los 15 últimos minutos para asistir al deseado encuentro. Toda la película está traspasada de un doble lenguaje que convierte la cinta en un producto que no todo público puede digerir o comprender. La sombra del caso Watergate está en todas las palabras de Nixon y en toda la preparación de la cita (¡esa escena en el garaje!); la sombra de la droga está en todos los gestos de Elvis.

¿Qué pasó en esa cita? En la Navidad de 1970, Presley gasta más de 100 mil dólares en la compra de pistolas y de diez Mercedes-Benz. Culpable, toma un avión para ir a Washington. Durante el vuelo, y con una caligrafía de analfabeto o alcohólico, escribe una carta a Nixon en unos papeles cutres de American Airlines. Nada serio. Pero es tiempo de encrucijadas y The Beatles han tomado la escena; el rey del rock cree que su país le necesita. Por ello solicita al presidente que le conceda ser agente especial independiente de la CIA en la lucha por recuperar el país. Una caza de brujas sin brujas ni caza.

Nixon también tiene problemas: no tiene los genes de los Kennedy, Vietnam sigue, los Panteras Negras están en pie, los jóvenes consumen drogas, y Estados Unidos parece derivar hacia la izquierda. La reunión con Elvis es una ocasión perfecta para que el público deje de ver a Nixon como un viejo anticuado. Así que le concede la placa al artista. Un lavado de imagen para reflotar al presidente.

«Creen que soy un tipo genial?», pregunta Nixon. La cinta plantea con elegancia la necesidad de redención. En este sentido, es muy interesante la reflexión acerca de la invisibilidad de la persona tras el personaje. Un Elvis cosificado ha olvidado quién era ese chico de Memphis, y desea ser tratado como un hombre. Ciertamente, también Nixon ha sufrido este proceso. Desde Los Simpson a X-Men, pasando por Oliver Stone, Forrest Gump, Hoffman y Redford, el presidente del caso Watergate ha sido carne de cañón.

Por ello, es muy interesante el papel que la película da a Jerry Schilling, amigo del rockanrola. Jerry encarnará el futuro del país: un hombre que abandona las quimeras y hace lo que debe a favor de la amistad y un amor real con el que construir, su mujer. Es hora de dejar descansar a los mitos, y de vivir.

Título original: Elvis & Nixon (2016)

País: Estados Unidos

Director: Liza Johnson

Reparto: Michael Shannon,  Kevin Spacey,  Evan Peters,  Ashley Benson,  Alex Pettyfer,  Colin Hanks,  Johnny Knoxville,  Tate Donovan,  Ahna O’Reilly,  Justin Lebrun,  Candice Harrison,  Tracy Letts,  Dylan Penn

Imagen de la Virgen permanece intacta tras terremoto en Italia

¡Aterradoras! Así son las imágenes que se han visto en los diversos medios de comunicación que muestran la devastación que dejó el terremoto que golpeó el centro de Italia el pasado miércoles.

Localidades como Amatrice quedaron prácticamente desaparecidas del mapa, son innumerables los esfuerzos que vienen realizando rescatistas y voluntarios para sacar personas de los escombros.

El papa Francisco suspendió la tradicional catequesis del miércoles para orar, junto con los peregrinos de la plaza de San Pedro, por las víctimas y damnificados que dejó el movimiento telúrico.

Pero en medio de la desolación, la desconsolación y la tragedia ha surgido un hecho, que para muchos es signo de esperanza. Se trata de una imagen de la Virgen María que permaneció intacta tras el fuerte terremoto.

Artículo originalmente publicado por Gaudium Press

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Me gradué de bachiller… Tengo 72 años

Raúl Quinzo lo logró y llegó a la meta que siempre soñó. Y lo pudo hacer luego de un tiempo de esfuerzo yendo a clases. Raúl se graduó de bachiller en informática en un colegio de Guayaquil (Ecuador). Raúl tiene 72 años y su anhelo duró más de 40 años.

“Yo he tenido siempre, permanentemente, un deseo de estudiar, lo que no sabía de qué manera hacerlo. Al momento de que se prestó la ocasión me dediqué y tomé la decisión de integrarme a estudiar”, expresó en diálogo con Ecuavisa.

Mientras el sueño de Raúl maduraba se dedicó a trabajar desde muy joven para mantener a su familia, que atravesaba una difícil situación económica. Se metió en el mundo de la sastrería, oficio al que le dedicó muchas horas y años de su vida, por lo que también ama y valora.

“Para que un traje sea algo especial hay que estudiar también”, señaló.

“El logro (de recibirse de bachiller actualmente) se lo dedico a mis queridos padres por el esfuerzo que ellos realizaron hasta donde pudieron”, concluyó Raúl.

Raúl lo logró y ahora desea que su dedicación también pueda servir de ejemplo para los demás, culmina el reportaje de Ecuavisa.

En tanto, recientemente Raúl también fue distinguido junto a otros por el Municipio de Guayaquil. El propio alcalde local, Jaime Nebot, hizo entrega de tablets a quienes culminaron sus estudios secundarios en planteles estatales, indica El Universo de Ecuador. “Nunca es tarde para aprender”, afirmó Raúl con contundencia.

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Southbound: Cuatro historias de terror que exploran la idea de purgatorio

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No recomendada para menores de 18 años

A raíz del éxito de filmes como La matanza de Texas, Las colinas tienen ojos o incluso Defensa (Deliverance), el cine estadounidense de los 70 empezó a emplear a la América profunda, radicalmente conservadora y cerrada en sí misma, como fuente de terror.

Para los urbanitas que se habían criado en la época del hippismo y de los derechos civiles, toparse con una realidad congelada en el tiempo de lo moral, reacia a los cambios y a la evolución –una naturaleza que ha demostrado ser intrínseca a ese segmento de población usamericana: apenas se han producido alteraciones en ese contraste en las últimas cuatro décadas–, era poco menos que enfrentarse a un infierno en vida.

Algo que los responsables de Southbound han querido releer, en su caso, de forma literal, transformado el Desierto de Mojave, en California, en una versión ficcional del purgatorio, construyendo una serie de narraciones cíclicas que exploran tanto el sentimiento de culpa como la necesidad de redención (o no) de sus protagonistas.

Si algo aprendieron los implicados en esta película de episodios de su experiencia en la franquicia V/H/S, es la necesidad de dotar a la narración de una mayor coherencia, de mayor empaque, para eludir –en la medida de lo posible– esa sensación de irregularidad intrínseca al formato. No es que Southbound la evite, ni mucho menos, pero es cierto que, por los menos, la sensación es que cada uno de los capítulos realiza una aproximación personal y distintiva a la temática global.

El detalle de conjunto que supone la inclusión de algunas escenas de El carnaval de las almas en la doble aportación del colectivo Radio Silence al proyecto, los segmentos “The Way Out” y “The Way In”, ya pone encima de la mesa la significación profunda de las diversas historias del largometraje, así como el interés de sus responsables por explorar la construcción en bucle de sus estructuras dramáticas.

Seguramente la aportación más afortunada sea, precisamente, la de Radio Silence, pues al dividirla en dos partes tienen la oportunidad de construir un primer episodio de aire profundamente lynchiano, extraño y basado en la repetición y la sugerencia –y que incluye también numerosos guiños a John Carpenter y a largometrajes como En la boca del miedo–, para luego redimensionarlo con un segundo, a priori, más sencillo y directo en lo narrativo, pero que, en realidad, tiene truco. Y es que los directores no aclaran, ni tampoco lo pretenden, las veces que sus protagonistas, Mitch (Chad Villella) y Jack (Matt Bettinelli-Olpin), han reiterado las mismas reprobables acciones en busca de una redención que no son capaces de encontrar.

Ahí encaja también el que sería el siguiente segmento más estimulante, “Accident”, en el que David Bruckner reconstruye, básicamente, la pesadilla de un padre de familia, Lucas (Mather Zickel), intentando hacer lo correcto con la víctima de un atropello gracias a las indicaciones de la voz telefónica de una teleoperadora. El episodio acaba regodeándose en el gore en los (infructosos) esfuerzos de su protagonista por reanimar a Sadie (Fabienne Therese), y que su director concibe como un grotesco pero, al mismo tiempo, refinado mecanismo de tortura contra el culpable de una muerte accidental que, probablemente, omitió su deber hacia su víctima.

Sin ser especialmente rompedor ni estimulante –por más que su director, Patrick Horvath, insista en introducir ramalazos gore que recuerdan al Robert Rodríguez de Abierto hasta el amanecer–, al menos “Jailbreak” aporta un giro interesante respecto al conjunto: el de alguien que irrumpe de forma voluntaria en el ciclo de alguien, concretamente el de su hermana Jesse (Tipper Newton), para, emulando al mito de la salvación de Eurídice a manos de Orfeo, sacarla del purgatorio.

Algo más allá de lo que propone “Siren”, que si bien juega con inteligencia con la progresiva extrañeza que su directora, Roxanne Benjamin, va introduciendo a partir de su planteamiento narrativo original –y que no deja de ser un giro perverso a lo que apuntaba al principio: esa visión perversa, deformada, de los habitantes de la América profunda–, en cambio acaba asfixiándose en una premisa que se agota mucho más rápido de lo que querría pensar.

 

Título original: Southbound

Año: 2015

País: Estados Unidos

Género: Terror

Directores: Radio Silence, Roxanne Benjamin, David Bruckner, Patrick Horvath

Intérpretes: Chad Villella, Matt Bettinelli-Olpin, Fabianne Therese, Hannah Marks, Nathalie Love

Experimenter. La historia de Stanley Milgram

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No recomendada para menores de 13 años

El ser humano se compone de muchos rincones oscuros. Hay cosas de nosotros mismos que no alcanzamos a comprender tal vez por qué nos daría miedo conocerlas o simplemente porque nos sonrojarían.

A principios de la década de los sesenta, cuando el arquitecto del genocidio nazi, Adolf Eichmann fue juzgado y condenado en Jerusalén, un profesor de la Universidad de Yale se preguntó hasta qué punto el oficial alemán tenía razón cuando dijo que “solo obedecía órdenes”.

Stanley Milgram, un judío residente en Estados Unidos diseñó un curioso experimento a raíz de lo dicho por Eichmann. Situar a un hombre, el “maestro”, en un cuarto pegado a otro habitáculo en el que había otro individuo encerrado, el “estudiante”. El “maestro” debía hacer una serie de preguntas y si el “estudiante” fallaba le daría una pequeña descarga eléctrica.

El problema es que conforme se iban acumulando los errores la potencia de las descargas iría aumentando. Primero se escucharían gritos del “estudiante”, después suplicas para detener el experimento y finalmente el silencio.

El objetivo era, ¿seguiría un hombre corriente y moliente propinando descargas a otro individuo aun cuando su estado de salud fuera ciertamente sospechoso únicamente porque alguien se lo ordenara? La aterradora respuesta fue que la mayoría sí lo hizo.

Este experimento sobre la autoridad de la obediencia es el punto de partida de esta magnífica película de Michael Almereyda, Experimenter. La historia de Stanley Milgram. No se crean, vaya por delante que este no es el típico biopic que deja de lado la chicha para centrarse en los dramas personales de su autor. No, aquí hemos venido a hablar de lo que hemos venido a hablar y sin que sirva de precedente, el núcleo del relato de Almereyda se centrará en los estudios sobre la obediencia de Milgram.

Salvando algún que otro –y comprensible- apunte biográfico, Experimenter no engaña a nadie y nos habla sobre el discutido estudio que llevó a que se cuestionaran los métodos de Milgram hasta llegar a calificarlo de sádico y poco científico. Quizá todo esto se debió a que en suma, lo que Milgram evidenció es que en general, hay muchos borregos y también muchos prejuicios pululando por ahí fuera, y que nos dejamos llevar sin demasiadas explicaciones por la autoridad a veces, venga de donde venga.

Para plasmar tan controvertido paisaje Almereyda ha confeccionado una película fascinante y con doble fondo poniendo en muchos casos en evidencia lo artificioso de lo que estamos viendo. Ya sea con vistosas metáforas visuales (un elefante adulto andando por detrás de Milgram por los pasillo de la universidad mientras éste le habla a la cámara) o evidenciando lo tramposo del cine con falsos fondos o rompiendo la propia ficción de la película, Experimenter se revela como de lo mejorcito que hemos podido ver este verano.

No se suelen hacer películas como esta, ni se suelen ver relatos como este, pero sobre todo no se suelen llegar a conclusiones como estas: en el ser humano siguen habiendo recovecos de los que uno no se puede fiar.

Título original: Experimenter (2015)

País: Estados Unidos

Director y guionista: Michael Almereyda

Reparto: Peter Sarsgaard,  Winona Ryder,  Taryn Manning,  Kellan Lutz,  Anton Yelchin,  John Leguizamo,  Dennis Haysbert,  Lori Singer,  Josh Hamilton,  Anthony Edwards,  Jim Gaffigan,  Vondie Curtis-Hall

El día en el que san Junípero Serra fue a un museo en Connecticut

Desde los primeros días en los que no pasaban de ser unas pequeñas casas humildes con techo de paja y armazón de madera en Nueva Inglaterra, o construcciones de adobe desperdigadas en el suroeste de Estados Unidos, las misiones son parte de un capítulo especialmente activo y complejo en la historia de los Estados Unidos: el de la llegada de los europeos al llamado “Nuevo Mundo”.

La llegada de Colón al Caribe y las Américas fue sólo el comienzo de un proceso mucho más largo que desembocó en el nacimiento de la mayor parte de las naciones que conocemos hoy en Norte, Centro y Suramérica.

Ese proceso, como es bien sabido, dio forma a los valores espirituales, políticos, sociales y culturales no sólo de las entonces emergentes colonias europeas en las Américas, sino también de las naciones que se crearon después de las guerras de independencia continentales.

Durante ese proceso, los misioneros católicos, hombres y mujeres de distintas órdenes y congregaciones, así como de diferentes países (España, Francia e Inglaterra, principalmente), también llegaron a las Américas, predicando el Evangelio en palabra y obra: atendiendo a las muchas necesidades espirituales y físicas nativos y colonos por igual, estableciendo no sólo misiones y parroquias, sino también escuelas y hospitales.

Reliquia de San Junípero Serra, en préstamo en el museo por cortesía del Obispo de Monterrey, California.

Reliquia de San Junípero Serra, en préstamo en el museo por cortesía del Obispo de Monterrey, California.

El Museo de los Caballeros de Colón, en New Haven, Connecticut, alberga una exposición, abierta hasta el próximo 16 de septiembre, que documenta los pasos de aquellos misioneros y relata sus incalculables contribuciones a la exploración, la evangelización y la construcción de América del Norte.

La exposición examina la historia de la actividad misionera y rinde homenaje a sus protagonistas, incluyendo a los recientemente canonizados santa Katherine Tekakwitha y a san Junípero Serra. De hecho, dos reliquias del santo franciscano se incluyen en la exposición.

Para programar un viaje en grupo, no dude en enviar un correo electrónico a  museum@kofc.org. Para obtener más información tanto sobre el Museo de los Caballeros de Colón o sobre la propia exposición (en inglés), haga clic aquí.

Reliquia de San Junípero Serra, en préstamo en el museo por cortesía del Obispo de Monterrey, California.

Reliquia de San Junípero Serra, en préstamo en el museo por cortesía del Obispo de Monterrey, California.

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Mira: Bellísima interpretación de un antiguo himno eucarístico

“Ave Verum Corpus”  (Ave Cuerpo Verdadero) es un himno eucarístico que se remonta al siglo XIV, y que se atribuye al papa Inocente VI. Se cantaba cuando se elevaba la hostia durante la consagración, y se usaba frecuentemente durante la Bendición Eucarística.

El video muestra a las Hijas de María cantando el “Ave Verum Corpus.” Las Hijas de María son una joven congregación religiosa fundada en Estados Unidos en 1984. Su primera obra es esta de reparación del Sagrado Corazón, que cada hermana vive cada día con la intención de mostrar gratitud al Sagrado Corazón de Jesús. Su tarea más importante, dicen, es la adoración al Santísimo Sacramento, que siempre está presente a pesar de las muchas actividades de las hermanas.

Las Hijas de María han grabado ya muchos CD con su música, entre ellos villancicos, canto gregoriano y oros himnos. Los CDs y las descargas de los álbumes están disponibles en su  website.

Cecilia Team

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