6 pasos importantes en el luto por la muerte de un perro muy querido

Consejos para afrontar este momento, aunque lo mejor es… tomar cuanto antes otro perrito

En la introducción de su libro Favorite Dog Stories, James Herriot escribe: “Se dice siempre que, por muchos años espléndidos y felices que un perro te haga vivir, se sabe que un día, ese en el que muera, tu perro te romperá el corazón”.

Si ustedes han amado – y perdido – a un perro, saben bien qué cierto es esto. Nuestros perros, nuestros compañeros fieles, divertidos, amorosos y amados, nos romperán el corazón.

Y aunque las investigaciones dicen que para la mayor parte de nosotros, perder a un perro es como perder a un miembro de la familia, muchos se sienten como tontos por vivir un luto por su perrito. Después de todo, es “solo un perro”.

Afortunadamente, las investigaciones nos pueden ayudar también en este campo. Como sabe todo aquel que ama a los animales, nuestros perros nunca son “solo perros” (¡no importa lo que dice la gente que no tiene animales!).

Los perros han sido criados y entrenados para conectar con los seres humanos como ningún otro animal. Comprenden nuestros estados de ánimo. ¡Comprenden incluso nuestro idioma! Aunque no necesitemos un perro para un servicio o una terapia, nuestros perros nos hacen más felices, más sanos y más seguros.

Sobre la pérdida de un perro, el psicólogo Frank McAndrew dice que “experimentamos muchas pérdidas al mismo tiempo. Podemos perder a nuestro compañero principal, una fuente de amor incondicional, un ‘testigo de vida’ que nos ofrece seguridad y consuelo… La pérdida de un perro puede suponer un serio terremoto en la vida cotidiana”.

El problema es que muchos no saben cómo afrontar el luto porque no tenemos a nuestra disposición estándares establecidos para llorar la muerte de un perro (o de un gato). La gente no nos da el pésame ni nos dan permiso en el trabajo. No tenemos rituales fúnebres estándar (aunque existen liturgias y oraciones para la sepultura de los animales) para ayudarnos a procesar la cosa. A menudo no tenemos tumbas que visitar.

Y sin embargo, hay cosas que podemos hacer para pasar mejor el momento del luto. La doctora Mary Ellen Matthews, veterinaria de Austin (Texas, EE.UU.), y la doctora Karen Swallow Prior, profesora de Inglés y miembro del Faith Advisory Board de la Humane Society de EE.UU., ofrecen algunas sugerencias para honrar la vida de nuestros animales y llorar la pérdida de estos queridos compañeros.

1. Prepararse

Cuando se acerca el final de la vida de nuestro perro, la doctora Pior sugiere elegir “algo muy específico que recordar” de él. Pone un ejemplo personal: “Cuando se acercaba la muerte de mi última perrita la acariciaba mucho. Aún ahora, después de varios años, mientras otros recuerdos de ella se me disipan, logro recordar la sensación de su pelo entre mis dedos, y me conforta”.

La doctora Matthews exhorta a la gente a saber lo que puede esperar sobre la decisión de practicar la eutanasia a un animal, y ofrece detalles sobre este proceso haciéndolo concreto y menos misterioso, sobre todo para los niños.

¿Su consejo? “Estén allí. También los más pequeños, que se dan poca cuenta de lo que sucede, pueden estar presentes. No conviertan a los veterinarios en gente mala para vuestros hijos, diciendo que llevaron al perro al veterinario y le pasó algo malo. No permitan que sus hijos se pregunten dónde está, si se escapó o está en una granja”.

La eutanasia para un animal, dice la Matthews, “es rápida. Más rápida de lo que se creen. No es traumática. No hay un drama tal que luego provoque pesadillas en sus niños. Sólo hay paz”.

2. Admitir el dolor

Una vez que el perro ha muerto, dice la doctora Prior, “el dolor es fuerte y real. No lo nieguen y no lo excusen”.

La doctora Matthews está de acuerdo. “Cada vez que una persona pierde un animal hay un dolor. Para muchos un animal es un miembro de la familia. Está junto al propietario en muchas fases de su vida, y su pérdida deja un vacío en la existencia de su dueño”.

3. Tomarse el tiempo necesario

Incluso en los momentos posteriores a la muerte, la doctora Matthews cree que los dueños deben darse todo el tiempo que necesiten. “Antes de la eutanasia, después, al llevarme al animal de la sala, pueden tomarse todo el tiempo que quieran”, afirma.

“No hay un plazo para el dolor. No hay un reloj de cocina que se apague, ninguna alarma del iPhone dice que es el momento de dejar de llorar y seguir con la vida”.

4. Recordar

La doctora Prior anima a la gente a “hacer memoria” de los momentos especiales con el perro antes de que muera, y la doctora Matthews piensa que hay que encontrar una manera tangible de recordar al perro.

“Puedo no poder cambiar lo que ha sucedido a su animal, pero puedo ofrecer pequeñas cosas. Podemos hacerle una huella a la pata, o elegir un color que nos recuerde a él”

Los recuerdos físicos son una forma concreta de honrar en significado del animal en nuestras vidas.

5. Seguir adelante

“Cuando la gente pregunta qué pasará después, qué hacer después, soy honrada. Habrá un vacío en la vida. Puedo decir que el dolor es de esperar, pero no puedo eliminarlo. Así que animo a seguir adelante. Mi madre siempre me dijo: ‘haz lo siguiente’, cuando la situación se hacía demasiado dura, y yo transmito a mi vez esta sugerencia. Una cosa cada vez, y al final se hace menos doloroso”.

6. Amar a otro perro

“El mejor consejo que jamás recibí después de la muerte de un perro muy querido”, afirma Prior, “es hacerme en seguida con otro. Algunos piensan que es un consejo frío, que supone sustituir un perro con otro olvidándonos del primero, No es así en absoluto. Nuestra capacidad de amar es inmensa. Tomar en seguida otro perro no disminuye el amor con que se recuerda el anterior. Sólo añade más amor y más alegría a nuestra vida”.

Por lo demás, una de las cosas que más echamos de menos cuando muere un perro es la alegría que nos ha dado amarlo. Obviamente no todos están preparados para tomar otro perro en seguida, así que otra opción es plantearse adoptar uno de los miles de perros que buscan un hogar, o simplemente ofrecerse como voluntario a la perrera local. El amor cura más que cualquier otra cosa.

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