Venezuela: Del “golpe de Estado” al “impase” entre poderes

Carlos Becerra / Anadolu Agency

CARACAS, VENEZUELA – MARCH 08: Venezuela’s President Nicolas Maduro (R) greets the crowd at the National Pantheon during the presidential event on the International Women’s Day in Caracas, Venezuela on March 08, 2017. Carlos Becerra / Anadolu Agency

La Iglesia pide al Gobierno de Maduro respetar a la Asamblea Nacional y rechazan los “retoques cosméticos” anunciados por el TSJ

En Venezuela, los ejercicios del poder se configuran en el escenario como si del ensayo de una obra de teatro se tratara. No debería ser así, pero el Gobierno juega al poder tomando decisiones para ver cómo reaccionan las personas e instituciones; luego, se echa para atrás con un semántico y sutil alegato, al percatarse que tales reacciones no les son favorables.

Una vez que el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) emitió las Sentencias 155 y 156 , desconociendo las atribuciones de la Asamblea Nacional y concediendo poderes extraordinarios al presidente Nicolás Maduro, los responsables tal vez esperaban otras reacciones, sin embargo, instancias nacionales e internacionales le dieron un solo nombre: “golpe de Estado”.

Conocida la sentencia sucedió algo que posiblemente no esperaban, a no ser que el autor del libreto sea un genio y aspire al mayor premio por la joya artista que logró montar en escena: la Fiscal General de la República, Luisa Ortega Díaz, reconoció públicamente que se había roto el “hilo constitucional” en Venezuela, durante un acto de rendición de cuentas.

Las calles del país nuevamente se agitaron y en el seno de la Organización de Estados Americanos, veinte países coincidieron en la convocatoria para tratar el “caso Venezuela” (algo que quedó en suspenso de momento por pedido de Bolivia). La posible aplicación de la Carta Democrática Interamericana por parte de la OEA es una especie de “lobo feroz”, al que el Gobierno de Maduro, parece tenerle miedo.

En este contexto, la Conferencia Episcopal Venezolana, tras haber estudiado el panorama, habló con la autoridad que suele caracterizarle y emitió un impecable comunicado, denunciando que existe “una distorsión en el ejercicio del poder en Venezuela”.

Pero esta vez la Iglesia fue más allá. Motivó a los venezolanos a “preguntarse muy seria y responsablemente si no son válidas y oportunas, por ejemplo, la desobediencia civil, las manifestaciones pacíficas, los justos reclamos a los poderes públicos nacionales y/o internacionales y las protestas cívicas”. El mundo habló en un solo idioma contra Maduro.

La realidad se convirtió en un gran peso para, o tal vez, una parte más del libreto golpista y dictatorial que se desarrolla en Venezuela. Hay que decirlo: un golpe de Estado distinto a los conocidos hasta ahora: sin levantamientos militares y sin asesinatos de líderes políticos, aunque con las cárceles como un destino seguro para amedrentar a los opositores.

Maduro no lo pensó dos veces. En un acto público en el que bromeó continuamente, alegando “desconocimiento de la sentencia del TSJ” como “del discurso de la Fiscal”, convocó para el viernes 31 de marzo al Consejo de Defensa de la Nación, una instancia constitucional.

Durante la reunión hubo un detalle: no asistió la representante de la Fiscalía General y tampoco de la Asamblea Nacional, es decir, “las partes en conflicto” con el TSJ. Lo acordado completa la histriónica obra: el Golpe de Estado quedó reducido en boca de Maduro a un simple “Ímpase” (así, con acento en la í, tal cual él mismo subrayó en TV y que terminó generando ironías) resuelto en la madrugada del 1 de abril, borroneando las sentencias con que el TSJ había marcado el quiebre de la democracia.

El punto culminante fue el apretón de manos que el 2 de abril se dieron Ortega Díaz y Maduro durante una visita que ésta le dispensó en Miraflores. “Si estuviéremos en un estado de derecho, la acusación de la Fiscal General, Luisa Ortega Díaz, al declarar la ruptura del hilo constitucional, llevaría a la apertura de una investigación para determinar la responsabilidad penal de quienes llevaron a cabo el golpe de estado, de conformidad con el numeral 4 del Artículo 285 de la Constitución Nacional”, escribió Rafael Luciani.

Urosa: Lo que ocurre en Venezuela no es normal

La Iglesia nuevamente se pronunció. Para el cardenal Jorge Urosa Savino, “el bloqueo a la Asamblea Nacional persiste”, dijo este domingo. “Me sigue preocupando que el país se encuentre en estado de excepción con respecto a asuntos de materia económica, desde hace aproximadamente un año”, acotó. “Esto no es normal” agregó el purpurado.

Así también cuestionó “la cancelación del referéndum revocatorio; que no se haya resuelto el problema de los diputados de Amazonas; que se hayan pospuesto las elecciones de gobernadores”. “Todo esto configura una situación de dictadura”, indicó Urosa Savino.

Porras: son retoques cosméticos

Por su parte, el también cardenal venezolano, Baltazar Porras Cardozo, arzobispo de Mérida, consideró que “las correcciones a las sentencias son retoques cosméticos que no resuelven en absoluto la situación porque siguen las medidas que cercenan la Asamblea Nacional como poder autónomo y confunden a la población”.

Según Porras continúa vigente “la solicitud del cardenal Parolin, hecha el año pasado, para que vuelva la vigencia plena del Parlamento. Este es un reclamo universal de muchos países”. Sostiene que los recientes fallos son “la punta del iceberg de más de 50 actos del Tribunal Supremo de Justicia contra la Asamblea Nacional”.

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