Eyes Wide Shut: Los sueños diurnos

La historia de un matrimonio que sólo puede salvarse renunciando a la fantasía

Imaginemos a un espectador a quien Eyes Wide Shut no le gusta pero aun así siente curiosidad y busca críticas positivas sobre la película. Entre los comentarios elogiosos que lee, uno en concreto le llama la atención, quizás por su estilo persuasivo o por sus convincentes argumentos, haciéndole cambiar de opinión. Lo llamativo de todo esto no es el cambio sino cómo se produce, a través de palabras capaces de alterar la forma de percibir imágenes en movimiento.

Hay en esa transformación un trayecto que va de lo fenomenológico a lo epistemológico, de lo figurativo a lo abstracto, del mundo como representación al mundo como voluntad…

Una cosa así probaría -de suceder- hasta qué punto con las películas en general y con ésta de Kubrick en particular el ejercicio de la mirada comienza realmente cuando ya no queda nada para ver, cuando entendemos el carácter efímero de lo que vemos o cuando aceptamos que una imagen no es una conclusión sino una incitación.

Eyes Wide Shut está basada en Relato soñado de Arthur Schnitzler y su génesis se remonta a la década de los 60, cuando Kubrick leyó la novela por primera vez. Al igual que casi todas sus películas, trata sobre el control, pero ya no se trata del control que las imágenes puedan ejercer sobre un relato hasta disolverlo (como en 2001, Barry Lyndon o El resplandor), sino sobre el control que un relato puede ejercer sobre las imágenes hasta disolverlas (algo que ya había ensayado previamente en Full Metal Jacket).

Adelantándose unos cuantos años a uno de los nuevos paradigmas de la imagen, Kubrick cogió por sorpresa a muchos críticos, incapaces de entender su juego sobre imágenes furiosas (las que propone Nicole Kidman en sus dos relatos, o las que sugiere al final el personaje interpretado por Sydney Pollack sobre la orgía y sus participantes), imágenes múltiples (las que proponen los espejos donde se observan los protagonistas en un ejercicio de narcisismo cinematográfico, o el doble y contrapuesto acercamiento de Tom Cruise a varias mujeres en dos noches sucesivas), imágenes secretas que tímidamente comienzan a hacerse públicas (los desnudos emocionales de las mujeres, o el amenazante/amenazado carácter de la sociedad que se reúne en la mansión a las afueras de Nueva York)…

Un hombre se pone en movimiento y sale de casa, en un viaje al fondo de la noche, después de escuchar a su esposa contarle un breve encuentro, en mitad de unas vacaciones familiares en Cape Cod, con un oficial de marina a quien nunca llegó a conocer y con quien, sin embargo, se habría ido a la cama de habérselo pedido, abandonándolo todo sin dudarlo aunque la aventura no hubiese durado más de un día.

Intentando huir de las fantasías de su esposa, se introduce en otro tipo de fantasías: la hija de un paciente le declara su amor mientras ambos velan el cadáver de este último; una prostituta le ofrece sus servicios al cruzarse con él en la calle; una joven nínfula lo observa con ojos lascivos en una tienda de disfraces; y una mujer enmascarada se sacrifica para salvarle la vida al ser descubierto en una esotérica ceremonia a donde él ha ido sin que nadie lo hubiese invitado.

Estos relatos suspendidos, carentes de un círculo visual que los contenga (carentes de una imagen real con la potencia de la imagen irreal que atormenta al protagonista, que en varios momentos imagina a su mujer haciendo el amor con el oficial de sus fantasías), él los intenta retomar al día siguiente aunque ninguno vaya a conducirle a una imagen firme o a una conclusión lógica que satisfaga sus deseos, sino a un nivel más alejado de su control, a una profundización en el misterio del que los quiere arrancar: la hija de su amigo muerto quizás se case con un hombre a quien no quiere, la prostituta acaba de descubrir que tiene SIDA, a la joven nínfula la explota sexualmente su padre con clientes asiáticos seguramente tan ricos como depravados, y a la mujer que le ha salvado la vida durante la ceremonia secreta la han asesinado y su cadáver no identificado yace en la morgue.

La película no trata -creo- sobre Nueva York a punto de entrar en un nuevo milenio y de exhibir a partir de ella la decadencia cultural de Occidente, tampoco sobre una sociedad secreta que esconde su degradación en rituales privados (porque a Kubrick le gustan las piezas de los juegos de algunas películas de la Hammer pero no el tablero formal sobre el que se escenifican; le gustan -por así decirlo- los elementos conspiratorios de las ficciones a lo Thomas Pynchon o Don DeLillo pero apenas le interesan sus conclusiones), ni siquiera trata sobre la supervivencia de un matrimonio continuamente tentado por agentes externos (aunque un análisis en profundidad sobre las dualidades entre fantasías masculinas y femeninas a lo largo de la película sería un ejercicio bastante productivo)…

Quizás sólo trata sobre el nuevo estatuto de las imágenes, que ya no definen al mundo, a lo sumo nuestra manera de estar en él, confundidos entre la apariencia que deseamos proyectar ante los demás y la patética condición a la que nos reduce la incapacidad para entender cuanto sucede a nuestro alrededor, incluso en nuestro interior.

Cuando Fréderic Raphael le sugirió a Kubrick que La lista de Schindler (1995) trataba sobre el Holocausto, él le contestó que el Holocausto trataba sobre seis millones de personas asesinadas y que la película de Steven Spielberg en realidad trataba sobre el éxito, sobre 600 personas que habían sido salvadas del Holocausto.

El matrimonio de Eyes Wide Shut no necesita que lo salve Spielberg porque al final descubre que la única salvación posible es la renuncia absoluta a cualquier fantasía, conformarnos con vernos por fuera y despedirnos para siempre de quienes podamos ser interiormente, por simple cautela, por miedo, por ausencia, por cambio de domicilio,…

Sigamos soñando pero con los ojos bien abiertos.

F

Título original: Eyes Wide Shut (1999).

País: Estados Unidos.

Director: Stanley Kubrick.

Guión: Stanley Kubrick y Frederic Raphael (a partir de la novela Relato soñado de Arthur Schnitzler).

Reparto: Tom Cruise, Nicole Kidman, Sydney Pollack, Marie Richardson, Leelee Sobieski, Rade Serbedzija, Todd Field, Vinessa Shaw, Alan Cumming, Sky Dumont, Fay Masterson, Thomas Gibson, Madison Eginton, Louise J. Taylor, Stewart Thorndike.

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