Por trece razones: Huele a espíritu adolescente

A partir de una novela juvenil de Jay Asher, esta serie incide en problemas como el bullying y el suicidio desde una perspectiva adolescente

Como sociedad, tendemos a quitarle importancia a los problemas de los adolescentes. Desde nuestra realidad adulta, más compleja, más amarga, (re)interpretamos sus conflictos a partir de la tranquilidad de haberlos superado, y de haber olvidado la intensidad y la pureza de las emociones que se desencadenan en ese momento de la existencia humana –un fenómeno puramente fisiológico, por falta de desarrollo en las conexiones cerebrales–. Nos irrita su ausencia de filtro social, así que evitamos escucharlos y no nos esforzamos por integrarlos.

Frente a ello, Por trece razones es un grito desesperado para que rasquemos por debajo de la superficie. Para que miremos de verdad, sin ironía ni distanciamiento, más allá de los hormonas, de los coqueteos y de los enfrentamientos de instituto, y nos reconozcamos en el dolor, en la soledad y en el aislamiento de Hannah (Katherine Langford).

La serie no es tanto la narración por capítulos de toda la incomprensión y los abusos que le impulsaron al suicidio, como la crónica del fracaso de todos los que la rodeaban –sobre todo los adultos, en teoría mucho mejor preparados a nivel emocional para gestionar este tipo de situaciones– a la hora de comprender y validar sus sentimientos, y acompañarla para enfrentarse a ellos.

En los dos primeros episodios, el showrunner Brian Yorkey, mano a mano con el director Tom McCarthy, marca el tono que caracteriza a toda la serie: un constante jugueteo con las constantes visuales y tonales de la ficción teen contemporánea –como el uso de la voz en off de Hannah, tan reminiscente de Gossip Girl– para cuestionarlas de inmediato, desactivando sus mecanismos más reconocibles y dejando al aire su hipocresía y su miseria moral.

Tras su apariencia ligera, inofensiva, Por trece razones oculta una visión muy amarga, muy desesperada, de la sociedad estadounidense –y no sólo de los millenials: los adultos no salen mejor parados–, y reivindica la necesidad de generar un cierto cambio a través de la figura de su protagonista, el aparentemente inocente Clay (Dylan Minnette).

De hecho, uno de los grandes aciertos de la serie está en el arco dramático de su personaje principal, de mirada aparentemente inocente, limpia –de ahí que el espectador tienda a identificarse con él–, que va enturbiándose a medida que descubre que, en realidad, no sabía nada de Hannah… Pero sobre todo que, pese a no ser una de las razones de su suicidio, tampoco contribuyó a evitarlo por pura cobardía e inseguridad.

De hecho, su actitud en los últimos capítulos, mucho más asertiva y más combativa, no deja de ser un reflejo de los sentimientos del espectador, a esas alturas ya abrumado por la carga dramática de una serie mucho más dura de lo que pudiera parecer: imposible no sentir un nudo en el estómago tras su décimotercer episodio, frente a su narración lenta, insoportablemente morosa, del suicidio de su protagonista.

Ficha Técnica

Título original: 13 Reasons Why

Temporadas: 1 (primera emisión: 31-03-17) 13 episodios

Canal: Netflix

Creador: Brian Yorkey, según el libro de Jay Asher

Género: Drama

Intérpretes: Dylan Minnette, Katherine Langford, Christian Navarro, Alisha Boe, Brandon Flynn, Ajiona Alexus

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