Visita a las siete iglesias: Primera visita, Getsemaní

Reza y visita virtualmente el lugar en el que Jesús rezó antes de su Pasión

La visita a las siete casas o iglesias es una tradición peregrina que se lleva a cabo el Jueves Santo, en la que se acostumbra visitar siete iglesias o templos y hacer un momento de oración en cada uno de ellos.

Esta peregrinación simboliza el ir y venir de Jesús después de haber sido apresado en el Huerto de Getsemaní, lugar en el que estuvo después de la Ultima Cena, para ser juzgado y luego crucificado. También se trata de un acto de sacrificio y de desagravio, en el que se honra a Jesús y se le pide perdón por las ofensas cometidas por el hombre al traicionarlo y entregarlo a las autoridades de aquella época.

Esta es una tradición de origen romano que se ha extendido por todo el mundo. En ella se visitan iglesias o templos donde se encuentran los monumentos (el “Sagrario” es decir el Santísimo Sacramento), y es parecida al Vía Crucis debido a que su desarrollo implica siete estaciones, leer la Escritura, rezar delante de Jesús y meditar sobre su Pasión.

La Iglesia recomienda no tomar esta religiosidad como un ir y venir de los templos,  como un simple excursionismo, sino que en esta peregrinación se medite y se viva la Pasión de Jesús, agradeciéndole el haber redimido al hombre y pidiéndole perdón por todas las injurias del hombre.

En Aleteia esta Semana Santa proponemos una visita a siete maravillosas iglesias de Jerusalén, los lugares donde realmente sucedieron todos los relatos de la Pasión. La primera: la basílica del Getsemaní, una impresionante iglesia que custodia en su interior el lugar de la más importante batalla interior que Jesús libró, antes de ser apresado.

Visitala haciendo click aquí:

GUIA PARA LA VISITA EN CADA IGLESIA

Primera visita

Se hace en recuerdo del camino que recorrió Jesús desde el lugar de la Ultima Cena hasta el Monte de los Olivos.

Enséñame Jesús a acompañarte siempre
Por la Señal de la Santa Cruz….

Pasaje Evangélico

Mientras estaba comiendo, tomó Jesús pan y pronunciada la bendición, lo partió, y dándoselo sus discípulos, dijo: “Tomad y comed, este es mi cuerpo”.
Tomó luego un cáliz y, dadas las gracias, se los dio diciendo: “Bebed de él todos, porque esta es mi sangre de la alianza, que va a ser derramada por muchos para remisión de los pecados”.
Y, cantados los himnos, salieron hacia el monte de los Olivos, a una propiedad llamada Getsemaní, (Mt. 26, 26-28,30,36).

Reflexión

Este recorrido del Cenáculo al monte de los Olivos constituye, para Jesucristo, un acto solemne de obediencia al mandato del Padre en su obra Redentora.
En el Cenáculo entregó a los hombre todo lo que podía darles: su cuerpo y su sangre en la Eucaristía. Ahora va a ser visible esa entrega en manos de sus enemigos para la salvación de los hombres. Se entrega voluntariamente él mismo a la Pasión.
Meditar la Pasión de Jesucristo debe ser para nosotros la devoción más grata y más querida, porque nosotros somos la causa, el fin y el fruto de ella.
Cristo va a la Pasión por nosotros, Va a ella para liberarnos del pecado.

Padre Nuestro… Ave María… Gloria…

Oración

Oh Jesús, yo te adoro y te doy mil gracias por la sangre que derramaste desde niño y por los pasos tan dolorosos que diste por mi salvación, especialmente por ese recorrido que hiciste desde el Cenáculo hasta el Huerto de Getsemaní para empezar tu Pasión.
Yo te ruego que a mí y a todos los cristianos nos concedas la virtud de la mortificación y el don del temor de Dios. Amén.

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