Regresar a Honduras con los sueños rotos

Víctor Manuel Espinosa-CC

El número de hondureños repatriados crece a pasos agigantados

Mientras el número de repatriados mexicanos desde Estados Unidos decrece, el de hondureños crece a pasos agigantados, provocando una situación de emergencia en el país centroamericano.

De hecho, la autoridad migratoria estadounidense ha repatriado a poco más de cinco mil hondureños en el primer trimestre de 2017, mientras que en el mismo período de 2016 fueron 3,770 los hondureños deportados.

La composición del migrante hondureño está cambiando, como de hecho está cambiando en toda la región. Ahora hay más mujeres y menores de edad los que están buscando entrar a Estados Unidos, que jóvenes trabajadores con bajo nivel educativo, aunque estos siguen siendo la mayoría de los que parten al norte.

Sin embargo, la nueva composición de los hondureños que quieren ingresar a Estados Unidos y son repatriados, trae como consecuencia que los problemas sociales se agudicen, puesto que buena cantidad de quienes salen hacia el norte no lo hacen por trabajo, sino huyendo de situaciones de violencia.

Un mejor trato

Según “Fides” el órgano digital de la arquidiócesis de Tegucigalpa, la deportación desde el país del norte a Honduras ha aumentado en 30 por ciento en lo que va del año 2016.

La Pastoral de la Movilidad Humana de la arquidiócesis de Tegucigalpa ha encendido el foco de alarma. Por una parte, están las nuevas políticas migratorias de Estados Unidos, pero por la otra, la hasta hoy débil propuesta de las autoridades hondureñas en términos de apoyo a los que están como ilegales, aunque se empieza a trabajar de forma unida con la Iglesia para atender a los que retornan.

La religiosa Isabel Arantes, responsable de la Pastoral de Movilidad Humana en Honduras señala: “A los que son regresados hay que darles un mejor trato y las oportunidades de un empleo, ya que el desempleo es una de las principales causas de la migración de hondureños”.

Precisamente por este fenómeno, se ha abierto en la capital la segunda UMAR (Unidad Municipal de Atención al Migrante Retornado), para acoger y asistir a los niños, adolescentes y familias que han regresado con sus sueños rotos.

Las UMAR, organismos estatales en los que están presentes operadores pastorales de la iglesia, están ofreciendo un buen servicio: la primera ha sido abierta en San Pedro Sula y se estudia la apertura de otras en Choloma, La Ceiba y Tocoa, para ofrecer apoyo psicológico, social, sanitario y de formación al trabajo.

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