Acompañar a Jesús en el final de su vida

Quiero estar con Él, no sé qué hacer sin Él…

Me gustaría comenzar con Él su camino hasta la cruz. Siempre le pido que me acompañe Él a mí. Me gustaría, por una vez, salir de mí y estar a su lado. Y al lado de sus rostros en el mundo, los que más sufren.

Le pido a María, que está callada en este día, que me ayude a ir a su lado. Y a vivir con Él estos días de incertidumbre y caos en Jerusalén. Esos días antes de la pascua en que Jesús durante el día va al templo y se expone con sus palabras y sus hechos. Ora en el huerto de los Olivos con su Padre. Y luego en la noche coge fuerzas de amor en Betania, con sus amigos.

Quiero acompañarlo en la cena del jueves. Sentarme a su lado, dejarme lavar por Él. Quiero reposar mi corazón cansado en el suyo. Recostarme en su pecho como Juan. Prometerle como Pedro amor eterno. Recibir ese pan partido que no comprendo.

Quiero orar con Él en Getsemaní y entregarme con mi dolor como Él lo hizo. Quiero velar dormido, o sin dormirme, con mucho miedo a sufrir. Quiero seguirlo de lejos cuando lo prendan. No sé qué hacer sin Él.

Me preguntan y lo niego. Tengo miedo. Digo que no lo conozco, que no soy de los suyos, que no hablo como Él. Digo que sí, que un día lo conocí, pero que ahora ya no le pertenezco. Él me mirará con amor infinito. Esa mirada de amor tan profunda. Nunca me han mirado así. Lloro. Yo no conocía ese amor. Lloro porque soy frágil. Me duele. Pero creo en que su perdón es posible.

Le acompaño esas horas de oscuridad junto a la cisterna en la que Jesús pasa su última noche. Lo condenan. Yo no lo entiendo. Mienten. Es injusto. Lo hacen de noche. Jesús entró de día pero ellos lo condenan de noche. Es la hora de la tiniebla. Dios calla.

Dios está atado ante la libertad del hombre. Dios vive el pozo de soledad que vivimos los hombres. Las horas pasan lentamente. Jesús ama más que nunca.

Quiero estar con Él cuando caiga bajo la cruz que carga. Cuando caiga por mi peso, por mi pecado, por mi dureza. Cuando se levante ante mí y me mire desde la cruz perdonándome, amándome, abrazándome, olvidándose de sí mismo por amor a mí.

Quiero tocar su herida, palpar su amor hecho consuelo y compasión, el amor de Dios que se metió en la carne y se clavó en la cruz, y en mi corazón. Quiero vivir a su lado cuando descorran la losa del sepulcro y se llenen de luz sus heridas, su lanzada en el pecho.

Quiero estar cuando me pregunte si lo amo. Y yo no se lo pregunto a Él porque me lo ha demostrado con hechos. Yo creo. Y mi vida comienza de nuevo desde ese lugar.

Hoy comienzo un camino. Jesús me mira. Yo lo recibo llegando hasta mí. Lo alabo. Le doy gracias. Pongo mi vida a sus pies para que la pise con sus pies sagrados. Y le pregunto si puedo estar con Él. Me necesita. Me parece imposible. Quiero estar con Él.

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