¿Baja autoestima?

Encuentra las causas y síntomas de una negativa percepción de ti mismo para iniciar un cambio

La mayoría de nuestras dificultades psicológicas y de nuestros conflictos con los demás provienen de una baja autoestima, de una percepción negativa de nosotros mismos. Todos, de una manera u otra, nos vemos afectados por la imagen que tenemos de nosotros mismos. Pero no debemos obsesionarnos con el tema, porque es bastante normal tener baja autoestima, lo importante es darse cuenta y trabajar para mejorarla y vivir más sanamente.

Tener autoestima es aprender a ser amigo de uno mismo, teniendo una valoración realista, sustancialmente positiva y estable de quienes somos.

La baja autoestima nos genera una gran inseguridad y hace que estemos demasiado pendientes de lo que otros dicen de nosotros y nos comparemos con los demás.

En cambio, una autoestima sana, es decir, una visión realista de sí mismo, nos permite estar contentos con lo que somos y ser felices por eso. Porque nadie puede vivir en paz consigo mismo ni con los demás si no se experimenta como alguien que es digno de ser amado y respetado. Aceptarse a uno mismo es el primer paso para sanar una autoestima baja.

La baja autoestima nos mantiene centrados en nosotros mismos, refiriendo todo a nuestra vida, haciéndonos incapaces de empatía, de pensar en lo que los demás pueden sentir o pensar sin que tenga que ver nosotros.

Suele disfrazarse con mecanismos defensivos como exagerar las propias cualidades, el autoritarismo, la búsqueda de ser admirado, e incontables formas de mendigar amor de forma indirecta.

Las causas

Son incontables las razones por las cuales la imagen de nosotros mismos puede verse afectada. No es algo innato, sino el proceso de autopercepción a lo largo de la vida.

Sus raíces están en nuestra historia, en los juicios y comparaciones que recibimos, en cómo nos descalificaron o motivaron, en cómo actuaron con nosotros cada vez que nos equivocamos o cuando no sabíamos algo, en las bromas que nos hicieron, etc.

Las expectativas que otros tenían de nosotros también fueron decisivas en cómo nos vemos a nosotros mismos, así hayan sido nuestros  abuelos, padres, amigos, compañeros, docentes, vecinos, etc.

También en el ambiente sociocultural en el que crecimos, son decisivas las imágenes valoradas como positivas y las que se consideran negativas, que presionan inconscientemente para tener que calzar en un determinado molde preestablecido. Si no somos como esperan que seamos, sentimos que somos nosotros los culpables de no ser de otra manera.

Y en la construcción de nuestra identidad, las valoraciones ajenas son decisivas para la autoestima, especialmente si vienen de nuestros referentes (padres, abuelos, educadores, etc). 


Lee más: El desafío de aceptarse a uno mismo


Los síntomas

La baja autoestima se manifiesta de muchas formas en nuestra vida cotidiana. Entre los principales “síntomas”, podemos mencionar siete:

  1. La autocrítica constante, teniendo los ojos siempre puestos en lo negativo, en que falta, en el defecto, mirando siempre lo que falla, lo que no funciona.
  2. Excesiva timidez e incapacidad para expresarse con libertad, con grandes temores a la exposición personal.
  3. Hipersensibilidad a la crítica, pensando que “siempre están hablando de mí”, que “siempre van a atacarme”. Un ejemplo de ello es la típica situación en que alguien dice una ironía o hace una afirmación genérica, y nosotros reaccionamos con violencia diciendo: “¿Te estás refiriendo a mí?”.  Esto va unido a una gran incapacidad para aceptar una corrección. Las personas dejan de decirnos lo que piensan de nosotros porque perciben que no aceptamos una crítica. 
  4. Un deseo excesivo por complacer a todos, por dejar contentos a todos, aunque tengamos que contradecirnos una y otra vez. Cuando se quiere complacer a todos, no se sabe decir que no, no se sabe poner límites y se tiene miedo al conflicto o al rechazo de los demás, haciéndonos muy manipulables por nuestra falta de libertad interior. El miedo al conflicto o a la desaprobación empuja a que no seamos sinceros.
  5. Perfeccionismo y autoexigencia, con un gran temor al juicio ajeno y pensando que “nadie lo hace como yo”, nunca se está satisfecho con nada, porque nunca se acepta a sí mismo ni a los demás.
  6. Culpabilidad excesiva, encontrándose culpables de todo lo que les sucede y con dificultades para perdonarse y perdonar a los demás. Si algo les sucede, piensan que algo hicieron  mal.
  7. Irritabilidad constante y dramatismo, “todo está mal”, parecen estar siempre enojados, con marcadas tendencias depresivas, encontrando siempre razones para la desesperanza y no sabiendo disfrutar de lo cotidiano.

Es preciso encontrar las causas y conocer los síntomas, para comenzar el camino de la curación, para desaprender aquellas cosas que nos hicieron tanto daño, y así crecer en una mejor percepción de nosotros mismos y en una actitud de autoaceptación.

Amarse empieza por aceptarse. Es importante comenzar a liberarnos de aquellas cosas que hemos tomado como “verdad” sobre nosotros mismos y que en realidad vinieron de insultos, comparaciones, expectativas ajenas u  opiniones de otros, para abrirnos a una nueva mirada sobre nosotros que esté atravesada por la misericordia, por el amor auténtico y por el realismo y la actitud positiva. 

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