¿Cómo cuidamos a nuestros mayores?

Muchos ancianos se dejan morir de tristeza…

Este es un tema al que pocas veces le damos importancia y que, sin embargo, es un destino que si tú y yo tenemos la fortuna de seguir con vida vamos a llegar a experimentar: adultos mayores o ancianos.

Esas cabecitas blancas que son como la luna, con cuerpos opacos destinados únicamente a dar luz, son unos seres hermosos que -al igual que los niños pequeños- necesitan de todo nuestro cariño, cuidado y atención.

Me atrevo a compararlos con niños porque eso vuelven a ser, adultos mayores de cuerpecitos indefensos y frágiles, fuentes de ternura y sabiduría con la pequeña gran diferencia de que a los niños les tratamos con suavidad, les vemos con cariño y hasta les queremos comer a besos. Y a los ancianos, muchas veces les hacemos sentir estorbos que ya le están robando oxígeno al mundo y hasta repugnancia. No en vano, el papa Francisco ha hecho tanto hincapié en la dignidad que tienen y en el cuidado especial que hay que tener hacia ellos.

Si nos pudiéramos meter en sus cabecitas descubriríamos un cúmulo de experiencias, historias, valores,… es por eso que son una verdadera riqueza para la sociedad y para nuestras vidas. Muchos tenemos la fortuna de tener un tesoro así a nuestro lado, un abuelo o a nuestros padres ya mayores.

¿Y qué sucede cuando nos toca convivir con ellos? Que como son lentos, ya no están in en la tecnología y hay que repetirles la misma cosa varias veces, nos fastidian, perdemos la paciencia, les hacemos sentir inútiles y estorbos. Si hablan u opinan algo, malo porque ya les censuramos, les llamamos mochos, retrógrados o pasados de moda. Y si no hablan, entonces ¡qué aburrido el viejito! Y así, con nuestras actitudes les vamos dejando en el rincón del olvido.

Estamos en el siglo del envejecimiento, los hijos disminuyen, los ancianos aumentan y nuestra sociedad nos quiere presentar a estos como un estorbo y a la vejez como una enfermedad de la que hay que huir despavoridamente. ¡Cuidado! No es verdad.

Nuestros mayores son nuestro gran regalo. Puede ser que su capacidad laboral ya sea nula, mas tienen otra mucho más importante que solo el tiempo la da -experiencia- porque poseen un bagaje de sabiduría impresionante.

¿Sabes? El estar con un anciano no es pérdida de tiempo, al contrario, es una inversión inteligente de tiempo. Si tú tienes la fortuna de aún tener a tus abuelitos con vida, ¡gózalos! Agradéceles por los padres que te dieron. Y mejor todavía, si hoy tienes el privilegio de tener a esas cabecitas blancas contigo y aún escuchas esas mágicas palabras que luego damos por sentadas, date cuenta de la bendición que tienes en tus manos.

Déjame preguntarte:

¿Qué cuidados están recibiendo de ti esas personitas gracias a las cuales tú eres quién eres?
¿Cómo cuidas de aquellos que durante muchísimos años te protegieron y te entregaron todo su ser, se sacrificaron por ti con tal de darte lo mejor y de que fueras feliz?
¿Por qué eliges pagar a alguien más que los cuide y hasta les mandas a vivir al asilo porque tú no tienes tiempo para hacerlo?
¿Será que de verdad es tiempo lo que no tienes o más bien son ganas las que te faltan? ¿O quizá sientas algún rencor que no te permite acercarte a ellos?

Suelta todo pensamiento que no te permita sacar lo mejor de ti.  Es importante ser un hijo agradecido con esas personas que hoy parecen bebés y a los que quizá tengas que alimentar y hasta cambiar el pañal como tal. Piensa que por naturaleza son muy pocos los años que estarán ya junto a ti, muy poco el tiempo que pasarás junto a ellos. Sin embrago, los beneficios que cosecharás al ser buen hijo serán infinitos.

Date cuenta del ejemplo de vida que estás dejando en tus propios hijos. Lo que tú hagas por tus padres ancianos el día de hoy será lo mismo que tus hijos hagan por ti el día de mañana. En ninguna casa hogar, por perfecta que esta sea, podrán recibir el amor, el cariño, el cuidado, el calor de familia que por derecho les corresponde vivir junto a ti.

¿Tú sabías que hay muchos ancianos que se dejan morir de tristeza? Tuvieron muchísimos hijos y hoy pasan sus últimos años en soledad porque nadie les visita. Ahora comprendo el dicho de que una madre es para 10 hijos y 10 hijos no son para una madre. ¡No pierdas el tiempo!

Los ancianos están deseosos de ser tomados en cuenta. Ellos merecen el mejor de los tratos. Están a poco tiempo de la muerte y este es un tema que les inquieta, del que necesitan hablar y casi nadie da importancia a esa necesidad.

En fin, podríamos seguir dando un sinfín de cualidades que estas personas nos inspiran. La solución está en tus manos y en las mías. Ya no permitamos que sean tratados como ciudadanos de segunda. Rescatémosles e impidamos que lleguen a tomar la decisión de querer tener la famosa “muerte digna”, que no es otra cosa que eutanasia, porque se sienten solos y que a nadie le importan. ¡Mentira! ¡A ti y a mí, sí y mucho! Así que manos a la obra. Ese anciano que hoy tienes cerca y que quizá te causa fastidio alguna vez fue el héroe de alguien a quien enseñó a decirle papá.

Recuerda que el ser buen hijo es conveniencia y es su derecho tener unos hijos que velen por ellos hasta el final. ¡Ojo! El apoyo económico va incluido, así que ya saben qué hacer.

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