‘Rats’: de cómo el hombre convive con la rata

El documental de Morgan Spurlock ya puede verse en Netflix

Hace algo más de un año, al otro lado de una de las paredes del dormitorio de mi hijo empecé a escuchar, cada noche y mientras leíamos un cuento, un sonido de fricción: como si algún ser vivo estuviera rascando el muro con ímpetu. Al principio nadie me creía. Luego, algunos de mis familiares comprobaron la veracidad de mis palabras. Supuse que era una rata que quería abrirse paso hasta la casa.

Meses después, con el niño ya durmiendo en otra habitación (por si acaso), logramos que viniera un exterminador. Estudió el portal, el garaje, la ubicación del edificio y los posibles rumbos de un animal y me dijo que, en efecto: había una rata al otro lado de la pared. Y que, si se obstinaba en abrirse paso, tarde o temprano lo acabaría logrando. Comentó que pondría trampas con veneno en el garaje (que es de donde provenían) y no lo volvimos a ver.

Pero, un día cualquiera, el ruido cesó. Imaginé que habría caído en una de esas trampas. Y si cuento esto es como demostración de algo evidente: que los roedores viven a apenas unos metros del hombre. Lo único que hay que hacer es mantenerlos a raya, conseguir que no entren… porque eliminarlos por completo de una calle es imposible.

En 2005, Alba Editorial publicó un libro muy recomendable y muy interesante: Ratas, de Robert Sullivan. Era el estudio que este hombre había elaborado tras un año apostado en un callejón de Nueva York, observando las rutas nocturnas, los hábitos de conducta, las rutinas alimentarias y la resistencia a los venenos de las ratas que se alimentaban de los desperdicios que los vecinos dejaban en la calle. Es de este reportaje del que partió Morgan Spurlock para rodar su documental Rats, que ya podemos ver en Netflix.

Morgan Spurlock, un cineasta de métodos un poco kamikazes, se hizo famoso en 2004 con Super Size Me, documental donde contaba el mes en el que decidió alimentarse sólo con fast food… para comprobar en sus propias carnes cómo la llamada “comida basura” nos afecta al cuerpo.

Desde entonces, y aunque no ha parado de rodar documentos sobre Osama Bin Laden, Los Simpson, la economía o la publicidad encubierta, no habíamos oído mucho sobre él. Quizá eso esté cambiando con Rats, el documental que, partiendo del libro de Robert Sullivan, sin embargo no se queda ahí, en las calles neoyorquinas, sino que investiga en otros lugares del mundo para mostrarnos la relación del ser humano con la rata.

Mientras en Nueva York las cazan con raticida y las analizan en los laboratorios, en los entornos rurales de Inglaterra vemos cómo las atrapan con perros que las despedazan y se las disputan mientras aún viven, y en algunas localidades de la India asistimos, atónitos, a los cazadores de ratas locales, que las buscan sin protegerse con guantes y además caminan en chanclas (y las matan a mano, estrangulándolas o rompiéndoles los huesos), y en Camboya observamos el modo en que un tipo las caza vivas y se las vende a un señor que se las lleva a unas mujeres que las destripan, las despellejan y las fríen para servirlas en el menú (sin engaños: a sus habitantes parece que les gusta el sabor).

Morgan Spurlock ha rodado un documental escalofriante, que nos surte de escenas incómodas y, en algunos casos, desagradables. Pero hay que verlo para creerlo. En otra región de India las mantienen en un templo, vivas y procreando, porque para ellos son sagradas. Spurlock nos enseña que cada cultura convive de un modo diferente con la rata.

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