El alivio temporal para 58.000 haitianos en Estados Unidos no basta

Se extiende su estatus de protección durante seis meses

El secretario del Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos, John Kelly, anunció a principio de esta semana, la decisión de la actual administración federal de extender el estatus de protección temporal por solo seis meses más para haitianos que viven en este país.

La medida, que beneficia transitoriamente a 58,000 refugiados haitianos que ya vivían en Estados Unidos antes del devastador temblor que sacudió la isla caribeña en enero de 2010, fue reconocida por la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos (USCCB), en la voz del presidente de la Comisión de Migración, el obispo de Austin (Texas), Joe S. Vázquez.

Vázquez dijo que el Estado de Ampliación Temporal (TPS, por sus siglas en inglés, alivia en algo la situación de los haitianos que vivían en Estados Unidos antes de enero de 2010, pero instó al gobierno que encabeza Donald J. Trump a redoblar el compromiso y la ayuda humanitaria para mejorar las condiciones de vida en el lugar de origen de estas personas, es decir en Haití.

Cabe mencionar que la mayoría de los 58,000 haitianos beneficiados por el TPS habían obtenido protección legal por parte del entonces presidente Barack Obama al considerar que –tras el temblor de 2010—ese país no podría acogerlos si fuesen deportados.

Soluciones conjuntas

El obispo de Austin expresa en su carta al secretario Kelly que si bien esta extensión de la estancia temporal legal en Estados Unidos de los haitianos es útil, “todavía deja muchas familias haitianas en los Estados Unidos en una posición insegura y vulnerable, particularmente con respecto a garantizar la autorización legal del trabajo”.

Para el prelado, la extensión de TPS cumple un papel humanitario en lo que se refiere a la seguridad y estabilidad de los haitianos que viven en Estados Unidos. Empero, los obispos católicos de ese país animaron al gobierno de Trump a que trabaje activamente con el gobierno de Haití para proporcionar más ayuda humanitaria, técnica y económica para que la isla se recupere.

“Haití seguirá luchando para recibir de vuelta los que están protegidos temporalmente, incluso aquellos que puede ser devueltos en un futuro próximo”, dice el obispo Vázquez en su misiva. Y recalca que, a través de las redes de servicio de la Iglesia, “vamos a seguir ayudando a las familias y apoyando el proceso de reconstrucción”.

La USCCB, a través de su departamento de Migración se comprometió, finalmente, a buscar oportunidades que involucren a la Iglesia católica y a los gobiernos de ambos países para colaborar en enfrentar las causas reales de la miseria haitiana y así poder repatriar a los refugiados con seguridad laboral y familiar.

El TPS le permite a los haitianos tener un permiso legal de trabajo y una licencia de conducir que se ha renovado cada año y medio desde 2010. Con la reciente decisión del Departamento de Seguridad Nacional, a partir de enero de 2018 correrán serio peligro de ser deportados.

Según dijeron a la prensa funcionarios del Departamento de Seguridad Nacional, los haitianos con TPS “deberán comenzar a adquirir los documentos de viaje para regresar a Haití”, ya que el gobierno de Estados Unidos no se ha comprometido a extender las protecciones a partir de enero. La incertidumbre se siente especialmente en el sur del estado de Florida, donde reside alrededor de la mitad del total de beneficiarios del TPS.

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