¿Sirven para algo las ayudas a la natalidad?

Análisis de lo que está sucediendo en los lugares con más apoyo a la natalidad

Es innegable que uno de los problemas a medio plazo que va a tener que hacer frente el mundo occidental es la baja natalidad.

El descenso general de los nacimientos registrados en el 2015 unido a un aumento de la mortalidad propició por primera vez un saldo vegetativo negativo. Las previsiones del INE proyectan un envejecimiento tal que para el 2030 uno de cada cuatro españoles tendrá más de 65 años.

Sea por la razón que sea los países desarrollados no vinculan la natalidad al incremento del bienestar por el desarrollo económico.

Antes bien, observando las tasas de natalidad a nivel mundial uno tiende a asociar desviaciones al alza a países subdesarrollados donde la baja productividad se supliría a nivel de núcleo familiar con un mayor número de integrantes.

Así pues, a diferencia de las teorías que durante los años 80 dominaban, la alta natalidad no sería una decisión irracional sino que dada la pobreza existente el único recurso que permite acumular una productividad mayor (generalmente agraria) por unidad familiar es incrementando el número de hijos.

Siendo de esta manera, aquellos países de mayor desarrollo económico, habiendo pasado procesos de industrialización e individuación de la productividad tenderían a reducir el número de hijos por unidad familiar.

No obstante, esta decisión que en el corto plazo puede ser racional, en el largo plazo entraña una complicación.

El actual Estado del Bienestar se construye sobre sociedades de generaciones solapadas y, por lo tanto, el relevo generacional tiende a compensar la baja de rentas por diminución de productividad por aumento de edad. 

El sistema de pensiones de reparto funciona bajo esta consigna a diferencia del sistema de capitalización. La pensión futura de los que ahora están trabajando surgirá de las cotizaciones de aquellos que trabajen cuando los actuales se jubilen.

Pero para eso, una natalidad menguante pone en jaque este sistema y por eso saltan las alarmas cuando se analiza la sostenibilidad a largo plazo del sistema de pensiones de reparto.

Llegados a este punto, la cuestión es evidente ¿funcionan las ayudas a la natalidad como forma indirecta de resolver este sistema de sostenibilidad?

En el País Vasco, existen ayudas por hijos que en el 2015 y 2016 si bien rondaron un grado de aplicación mayor del 90%, no fueron agotadas en su totalidad.

Por esto mismo el debate giró sobre la escasa eficacia parcial del instrumento económico de la ayuda como forma de incentivar la natalidad.

El apoyo a las familias no puede ser limitado a ayudas económicas ya que el problema es más amplio. La baja implicación del varón en la gestión del hogar, el sacrificio de la vida profesional y la creciente situación de cuidados de personas dependientes en el ámbito familiar dan como resultado que las estrategias de conciliación de la vida familiar pasen por abandono del trabajo remunerado o a su ajuste, planificaciones familiares con una reducción del número de hijos y la búsqueda de servicios domésticos para las tareas del hogar y de cuidados a familiares dependientes.

Ante el evidente coste de la maternidad y los costes de oportunidad por las alternativas, el número de hijos ha tendido a disminuir incluso a pesar de la existencia de ayudas familiares por hijos.

Esto implicaría o bien que la existencia por si sola de las ayudas económicas no se constituye condición suficiente o bien que al menos en su cuantía no son suficientes como para incentivar la natalidad.

La preocupación por esta baja natalidad es de tal magnitud en España que por primera vez en la historia reciente, a propuesta del Ministerio de Sanidad Servicios Sociales e Igualdad en el Consejo de Ministros del 3 de febrero de 2017, se ha planificado una campaña publicitaria con un coste de 1.5 millones de euros bajo el título “Sensibilización y apoyo a la maternidad” que buscará concienciar a la ciudadanía de la urgente necesidad de aumentar la natalidad.

El objetivo en palabras de la Ministra consiste en «apoyar la maternidad y la natalidad en situaciones de especial vulnerabilidad, concienciar a la sociedad que para hacer frente al envejecimiento es necesario un apoyo explícito a la maternidad como medida de fomento de la natalidad».

Si a raíz de dicha campaña publicitaria se consiguiera aumentar la natalidad, se pondría de relieve la importancia de otros factores más allá de los económicos para fomentar la natalidad, no obstante lo previsible según la mayoría de investigadores en demografía es que tenga un efecto nulo pues la decisión de tener un hijo difiere a la decisión de adquirir cualquier producto objeto de márketing.

De hecho, en Italia la campaña que se realizó no sólo no estuvo exenta de polémica por el lenguaje usado sino que además y en palabras del propio Presidente no habían tenido constancia de ningún efecto beneficioso sobre la natalidad. Por otra parte, este tipo de campañas lo único que consiguen es desviar la atención de que en España se dedica un 1,2% del PIB en ayudas a la familia, lo que está muy por debajo de la media de la UE.

El Estado alemán, por ejemplo, destina 265.000 millones de euros anuales a subsidios familiares y prestaciones por cada hijo menor de 18 años. Partiendo de unas prestaciones de ese calado, parece que la campaña publicitaria desarrollada de enaltecimiento de los valores de la paternidad va surtiendo efectos.

Otro ejemplo reseñable es el baby boom que está viviendo Polonia relacionado con el programa 500+ de ayudas de unos 120 euros mensuales por hijo a partir del segundo hijo (siendo el salario medio anual de 11.600 euros). El número de nacimientos en hospitales públicos según datos de Seguridad Social polaca ha aumentado un 10% respecto del año pasado. El coste en recursos públicos para este programa se estima alcance los 7 000 millones por lo que el Gobierno intensificará su función recaudatoria bajo la premisa que consiste más en una inversión de futuro para la sostenibilidad que un gasto innecesario.

De acuerdo con estos ejemplos hay dos elementos relevantes respecto del fomento de la natalidad: En primer lugar, las ayudas familiares constituyen uno de los elementos necesarios para su fomento; que la condición suficiente no va en la línea de la existencia de las ayudas sino que la propia suficiencia de dichas ayudas; y finalmente, que una sociedad avanzada y desarrollada que piense en su futuro y sostenibilidad debe mutar la idea de que estos recursos no son un gasto sino una inversión de futuro, el nuestro y el de nuestros hijos.

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