La próxima vez que te inviten a una fiesta, podrías llevar esto

En vez de una botella de vino o una vela cara, prueba con estos regalos sorprendentes, baratos o sin coste alguno, hechos desde el corazón.

La mayoría de nosotros probablemente ha dicho alguna vez “¡Es suficiente con que os traigáis vosotros!” cuando un invitado pregunta qué puede traer para una inminente cena o fiesta. Y lo decimos con sinceridad: la compañía de un invitado es suficiente. Quizás la cena se ofrece como gratitud por alguna ayuda recibida o por el esfuerzo que el invitado ha hecho para ir hasta vuestro hogar. En cualquier caso, nosotros, por lo general, no esperamos que los huéspedes traigan nada cuando les invitamos.

Ahora es cuando me toca admitir que mi lenguaje particular de amor está en los regalos. Disfruto sinceramente con cualquier cosa que me regale un invitado, ya sea un vino especial, chocolate o un ramillete de dientes de león recogido del parque frente a mi casa.

Una vez, una amiga más joven que se mudaba lejos vino a nuestra casa después de que se acostaran los niños para compartir una botella de vino en el patio y despedirse. Me trajo una tableta de chocolate amargo un poco empezada y yo estaba totalmente encantada. No había querido llegar de manos vacías, pero ya era tarde, era una invitación de último minuto y además, estaba a punto de mudarse. Me dio lo que probablemente era lo más agradable que quedaba en su cocina ya empaquetada. ¿Qué hay más encantador que eso?

Estoy segura de que todos hemos sentido lo mismo: no queremos llegar de manos vacías a la casa de nadie, pero no tenemos tiempo (o dinero) para comprar. Quizás ni siquiera conocemos demasiado bien a nuestro anfitrión como para saber elegir una botella de vino o el perfume de una crema para manos.

Hace muchos de años leí que el llevar flores cortadas que deben ser puestas en un jarrón lo único que supone es una carga, pero a mí personalmente me encanta recibir flores en cualquier situación y sé por experiencia que encontrar un recipiente donde poner el ramo en remojo no es tan difícil (y tampoco le pasará nada a las flores por quedarse cinco horas en le encimera de la cocina). De todas formas, por alguna razón nunca me convenzo para llevar flores cuando yo soy la invitada.

De modo que, para esas veces que os quedéis en blanco, aquí tenéis unas cuantas soluciones baratas y quizás sorprendentes para mostrar gratitud a vuestros anfitriones por abrir su hogar para vosotros:

Cualquier cosa casera

En serio. Una hogaza de pan de plátano. Una manopla de croché. Tu receta personalmente perfeccionada de solución limpiadora ecológica con base de vinagre en un bote de aerosol. ¡Un poema original! Ni siquiera tiene que ser casero hecho por ti. Quizás tu primo te dio una caja enorme de sus famosos pimientos en conserva. ¿Y qué hay de esa manualidad especialmente mona que trajo tu niño pequeño del colegio un día?

Fruta de tu huerto

Un primo cercano del regalo casero: algo de tu huerto o de tu jardín siempre resulta encantador. En agosto todos los jardineros estaréis nerviosos por cosechar tomates y calabacines. Pero lo mejor de todo, sobre todo para los que no tenemos buena mano con la jardinería, es que no tiene por qué ser algo que hayáis cultivado a propósito. ¿Qué tal un ramo de menta de la que se cuela en tu patio desde el del vecino? Esos cebollinos que crecen espontáneamente todos los años pueden ser fantásticos, solos o aderezando un aceite o enrollando un rulo de queso de cabra.

Un re-regalo

Reciclar un regalo está visto con malos ojos, y lo entiendo, pero es hora de que liberemos nuestra mente con este tema. Dar a alguien algo que es tuyo, incluso si en un principio lo recibiste de otro alguien, no es malo en sí. Quizás se trate de una novela que disfrutaste mucho pero que probablemente no vuelvas a leer y a tu próximo huésped le espera un largo viaje en avión y le vendría bien una buena lectura. ¡Un buen libro es un regalo magnífico!

O quizás tu sobrina, recién graduada de la universidad y con un trabajo y un apartamento nuevos tiene que apretarse el cinturón para ofrecer unas bebidas y un tentempié en la fiesta de inauguración de su nueva vida de adulta. Todos los regalos de cosméticos que vienen con otras compras o los paquetes de muestras que tienes muriendo de pena en el cuarto de baño podrían tener un futuro nuevo como suministro de fiesta de spa para tu sobrina y sus amigas.

Algo para los niños

Aunque no sea una fiesta con niños, unos cuantos caprichos para los hijos de los anfitriones son muy bienvenidos y deberían ser fáciles de adquirir. Globos, materiales de arte, un paquete de chicles. Si no es para los niños, tal vez pueda ser un detallito para el padre o la madre anciano que vive con ellos, como un CD de música o incluso estampas con oraciones. Y ni siquiera hay que ceñirse a los seres queridos humanos; hay muchos que aprecian mucho un regalo para sus mascotas.

Una nota de agradecimiento

Te faltaba dinero o tiempo o inspiración para un regalo y llegaste de manos vacías. Algunos te dirán que deberías ofrecerte a quedarte después y limpiar los platos pero, en mi experiencia, para cuando llega ese momento el anfitrión lo único que quiere es paz y tranquilidad y probablemente no le moleste meditar mientras friega los platos antes de acostarse o por la mañana.

En cualquier caso, después de que tu primera oferta de ayuda general quede rechazada, déjalo así. (Por otro lado, también es un buen detalle llamar con antelación y ofrecerte para ir temprano a ayudar a preparar la cena, entretener a los niños, pasear al perro o responder a la puerta y servir las primeras bebidas mientras el anfitrión da los toques finales a la comida… ¡Pruébalo!).

Una maravillosa sorpresa sería también dejar secretamente un regalo pos-fiesta delante de la puerta a la mañana siguiente, aunque sea algo tan sencillo como una nota de agradecimiento escrita a mano. En un mundo lleno de mensajes de gracias, tuits y correos electrónicos, una nota manuscrita es un tesoro. Pero tienes que conocerte bien. Si nunca llevas bolígrafo o sabes que se te va a olvidar escribir la nota, entonces mete una tarjeta o un cuadernito en tu bolso o en el coche. Después de la fiesta, escribe discretamente tu nota y deslízala por el buzón. A tu anfitrión le encantará encontrar el mensaje al día siguiente.

Cualquiera con los medios suficientes puede gastarse una pasta en una vela de diseño o una botella de tinto de categoría ─y, todo sea dicho, a quién no le gusta recibir regalos así─; pero por muy bonitos que sean, el despilfarro no es necesario. Aunque llegues con un detallito sencillo, recuerda que el auténtico regalo es tu presencia, tu compañía y tu agradecimiento por la fiesta o la comida que han preparado para disfrutar contigo. Los regalos para anfitriones y anfitrionas son un mero gesto de agradecimiento, una representación física de gratitud hacia el don de hospitalidad con el que os han bendecido.

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