¿Sientes tristeza y parálisis? Acude a quien puede vencerlas

Shutterstock-Arman Zhenikeyev

Lo suplico en estos días hasta Pentecostés: “Ven, Espíritu Santo”

Hay una piedra junto al lago de Galilea. Es posible que desde allí Jesús ascendiera al cielo. Hay una inscripción en la roca que resume el mensaje: “Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos; y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado”.

Venzo la tristeza que me amarga. Venzo la parálisis de mi dolor para salir de mí mismo. Lo que más me sana el alma es salir de mi letargo. Es vencer mis miedos. Es dejar mi cenáculo para llevar al mundo la noticia de su amor.

Jesús se ha ido pero sigue vivo en medio de los hombres. Ya no lo veo con los ojos de mi rostro. Lo veo, lo sigo viendo, con los ojos de la fe. Una nueva mirada. Una nueva forma de enfrentar la vida. Eso me alegra.

La misión de Jesús me ensancha el alma. A veces veo mi vida tan reducida… Y pienso en la fecundidad limitada de mis obras. Es cierto. Sólo puedo llegar a muy pocos. Y Jesús me manda al fin del mundo. Me siento frágil. ¿Cómo será posible? Me da miedo la vida. Y mi egoísmo me frena. No me siento fiel para permanecer siempre firme en medio de la batalla. Me faltan fuerzas.

Miro a Jesús que asciende. Y leo el mensaje escrito en la roca. Me conmueve. Puedo ir más alto. Puedo seguir caminando cuando esté cansado. Dios puede sacar de mí lo mejor. Lo que yo creía que no había en mi alma. Puede inventarme de nuevo cuando ya me sienta gastado. Puede hacer de mí un hombre nuevo, un niño nuevo. Lo puede hacer si me dejo hacer. Si aprendo a descender para ascender de nuevo en la fuerza de su Espíritu.

Anhelo que venga el Espíritu santo. Lo suplico en estos días hasta Pentecostés: “Ven, Espíritu Santo”.Y confío en su amor que me envía a llevar a muchos su mensaje de esperanza. 

El Espíritu me abre los ojos del corazón para que viva de otra manera. Me da confianza en medio de los miedos. Turbado por la violencia y las guerras encuentro una paz desconocida en la fuerza del Espíritu.

Una persona hablaba del poder de María para sacar de ella lo mejor: “Sin duda es un milagro de María. Por la edad que tengo es un misterio, pero sólo Ella ha podido cambiar mi corazón. Yo debería tener amargura por lo que he sufrido. Pero Ella ha puesto en mí alegría y bondad. No lo entiendo. Es un milagro de Ella”.

Es el poder de María en el Santuario. El poder de la alianza que cambia los corazones. María saca lo mejor de mí en la fuerza del Espíritu. No me deja encerrado en mi tristeza, en mi dolor. Me saca de mi amargura. Dejo de mirar triste el cielo.

Ella logra que dé lo que no tenía. Doy alegría, doy paz, doy esperanza. Es el milagro de la Pascua, el milagro de María, el milagro del Espíritu en mí. Me consuela pensar entonces que no estoy solo en el camino. Jesús no me deja solo. Camina conmigo. Está conmigo siempre: “Y sabed que Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”.

No soy huérfano. Puede sacar de mí lo mejor para que lo entregue. Para que me haga testigo de su amor. Para que lleve su nombre a todo el mundo. A todos los confines de la tierra.

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