“Ni tan cerca que me ahogues, ni tan lejos que me abandones”

¿Cuál es la distancia correcta entre padres e hijos?

Una de las características de los padres modernos es la llamada crianza excesiva: Los niños se han convertido en el centro de la vida familiar, y los padres han perdido el equilibrio en cuanto al tiempo y energía dedicados a ellos. La multiplicación de actividades laborales y recreativas, y la competencia en ámbitos educativos y deportivos han logrado que los padres estén concentrados de manera excesiva en las actividades y los logros de sus hijos.

Podríamos pensar que una sociedad niño-céntrica es beneficiosa a largo plazo, no obstante, observamos con preocupación que estamos criando hijos excesivamente dependientes de sus padres y poco preparados para la vida independiente.

Lograr el equilibrio en la crianza de los hijos es un tema difícil, sin embargo, se podría resumir en la frase que titula este artículo: Ojalá estés lo suficientemente cerca, sin asfixiarlo y lo suficientemente lejos, sin abandonarlo.

Uno de los aspectos importantes a tomar en cuenta para lograr este equilibrio es la resolución de problemas: cada vez que hacemos por un niño algo que puede hacer por sí mismo le estamos haciendo un daño. Cada vez que le ahorramos un mal rato llevando la tarea que olvidó, cada vez que removemos un obstáculo del camino, les estamos robando la capacidad de crecer en carácter, en personalidad y en independencia.

La labor de los padres es hacer a nuestros hijos capaces de enfrentarse a su propia vida, darles herramientas para poder desenvolverse en ella y estar a su lado para levantarlos en cada caída, pero si tratamos de evitar que caigan, ellos nunca podrán enfrentarse a la experiencia y a la satisfacción de volverse a levantar.

El otro lado de la moneda es el abandono: padres que están tan preocupados con su propia vida que se convencen a sí mismos que sus hijos no los necesitan, que les hace bien caminar solos y que sencillamente son padres ausentes.

Lo más preocupante de este tipo de crianza no es ni siquiera que los padres no estén ahí para guiar el camino o para otorgar las herramientas necesarias, los niños son capaces de suplir esos elementos; lo más duro es la falta de calidez afectiva, el sentimiento de abandono y el bajo sentido de pertenencia que pueden tener estos niños. Muchas veces este tipo de crianza produce niños agresivos consigo mismos y con los demás.

En todos los aspectos de la vida familiar el equilibrio es importante, sin embargo, uno de los aspectos en los que más lo debemos cuidar, es en el modelo de crianza que utilizamos y el tiempo y energía que dedicamos a nuestros hijos.

Debemos preguntarnos ¿cuando educamos estamos pensando en su bien objetivo? ¿sabemos que estamos educando para el futuro y para lograr que nuestros hijos sean personas autosuficientes, libres e independientes? No es cuestión de asfixiarlos o abandonarlos, es cuestión de acompañarlos a crecer y a sentirse queridos y protegidos en un ambiente sano en el que todos tengamos nuestro lugar.

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