Adam West fue y siempre será nuestro Batman

Gage_Skidmore-CC / ABC Television

Viéndolo nos recuerda que es el hombre de la calle, más que los “superhéroes”, el que puede cambiar el mundo

Adam West, el primer intérprete tanto televisivo (1966-1968) como cinematográfico (1966) de Batman, ha perdido su batalla con la leucemia a los 88 años. Somos muchos los que lo tenemos en la memoria como el rostro del superhéroe -antes incluso que al malogrado Christopher Reeve por su papel en Superman (1978) y secuelas-, especialmente gracias a las múltiples reposiciones de aquella serie en la que combatía al mal junto a su compañero y discípulo Robin, interpretado por el actor Burt Ward, y a la sugerente Catwoman, encarnada por Julie Newmar.

West, pese a tener una dilatada carrera profesional como actor, quedó profundamente marcado por su papel protagonista en la primera de las caracterizaciones que se hizo de uno de los más famosos personajes de comic de DC. Posteriormente, han sido numerosas las ocasiones en las que se ha intentado traer de vuelta al hombre murciélago, actualizando el personaje a la idiosincrasia del momento histórico.

Después de West hemos tenido a Michael Keaton, en aquel Batman (1989), de Tim Burton, con eléctrizante banda sonora de Prince, y en Batman Returns (1992); a Val Kilmer y a George Clooney, en aquellos olvidables Batman Forever (1995) y Batman y Robin (1997) de Joel Schumacher; a Christian Bale, que encarnó en tres ocasiones a la versión más contemporánea y mítica, de la mano de Christopher Nolan, en Batman Begins (2005), The Dark Night (2008) y The Dark Night Rises (2012); y, por fin, a Ben Affleck, en el fracaso que fue Batman v Superman (2016), de Zack Snyder.

Si de algo nos damos cuenta echando la vista atrás y rememorando a aquel primer Bruce Wayne que interpretó West, con un vestuario que hoy nos recuerda a un trasunto de pijama y disfraz de niño, con un físico a los sumo fofisano y unos guiones extramadamente sencillos, es de cómo ha cambiado nuestro mundo en apenas medio siglo.

Si revisamos los filmes mencionados a modo de instantáneas capaces de retratar cómo ha ido variando el modo en que imaginamos a los héroes a lo largo de estos últimos años, en seguida percibimos que, con la posmodernidad, estos se han ensombrecido, atormentado y su físico ha estallado progresivamente hasta extravagantes niveles de body-builder.

Parece como si hoy, para ser un héroe, se tuviesen que cumplir los requisitos de tener algún trauma psicológico profundo y sangrante, tener oscuras tendencias prácticamente incontrolables, y ser propietario de un físico esculpido en el gimnasio, capaz no ya de meras heroicidades sino de extravagancias espectaculares.

Es como si, en algún momento, se hubiese descartado la opción de que el hombre o la mujer de la calle pudiesen ser héroes, como si no bastase con estar dispuesto a dar la vida por los demás, como hizo la semana pasada Ignacio Echeverría, el héroe del skate, que se dejó la vida defendiendo a una mujer que estaba siendo apuñalada por un yihadista en Londres.

La intro de Batman sigue sonando en nuestra memoria. West fue un Batman naif pero humano, antediluviano pero en algún sentido realista. Viéndolo nos recuerda que el hombre de la calle puede cambiar el mundo, aunque sea también un poco ridículo. Como ha dicho su familia en el comunicado de su muerte, “siempre se veía a sí mismo como el Caballero de la Luz, y aspiraba a tener un impacto positivo en la vida de sus fans.” Estamos de acuerdo con sus hijos: “Él fue y siempre será nuestro héroe”.

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