Papa: El consuelo no se “maquilla”, el verdadero se recibe y se da

Spain’s Nicolas Almagro (L) is comforted by Argentina’s Juan Martin Del Potro as he has to give up due to an injury during their tennis match at the Roland Garros 2017 French Open on June 1, 2017 in Paris. / AFP PHOTO / Thomas SAMSON

En la homilía en Santa Marta, Francisco explica que sólo cuando uno se siente necesitado el Señor viene, nos consuela y nos da la misión de consolar a los demás

El consuelo es don de Dios y servicio a los demás: nadie puede consolarse a sí mismo autónomamente porque terminaría mirándose al espejo. Es el mensaje que el Papa dejó en la homilía de la misa matutina de este lunes en la Casa Santa Marta del Vaticano. Para vivir el consuelo se necesita un corazón abierto, el corazón de los pobres de espíritu, y no el corazón cerrado de los injustos.

La experiencia de consuelo fue el centro de la homilía del papa Francisco, que partió de la Primera Lectura en la que ocho veces en 19 líneas se habla precisamente del consuelo. Para el Papa, es una oportunidad para reflexionar sobre qué es el consuelo al que se refiere san Pablo.

El consuelo no es autonomía

Su primera características es que no es “autónomo”:

“La experiencia del consuelo, que es una experiencia espiritual, necesita siempre una alteridad para ser plena: nadie puede consolarse a sí mismo, nadie. Y quien intenta hacerlo, termina mirándose al espejo, se mira al espejo buscando maquillarse a sí mismo, aparentar. Se consuela con cosas cerradas que no lo dejan crecer y el aire que respira es el aire narcisista de la auto-referencia. Este es el consuelo maquillado que no deja crecer. Y no es consuelo, porque está encerrado, le falta la alteridad.

En el Evangelio hay mucha gente así, afirmó el Papa; por ejemplo, los doctores de la Ley, “llenos de su propia suficiencia”, el rico Epulón que vivía de fiesta en fiesta pensando que de esa forma sería consolado, pero sobre todo lo que expresa mejor esta actitud es la oración del fariseo frente al altar, que dice: “Te agradezco porque no soy como los demás”. “Este se mira al espejo”, observó el Papa, “mira su propia alma maquillada por las ideologías y agradece al Señor”.

Jesús muestra que con esta manera de vivir “nunca se llegará a la plenitud, como mucho a la ‘hinchazón’”, es decir a la vanagloria.

El consuelo es don y servicio

El consuelo, para ser verdadero, necesita una alteridad. Primero que nada se recibe porque “es Dios quien consuela”, quien da este “don”. Luego, el verdadero consuelo madura también en otra alteridad, la de consolar a los demás. “El consuelo es un estado de pasar del don recibido al servicio donado”, explicó el Papa.

El verdadero consuelo tiene esta doble alteridad: es don y servicio. Y así, si dejo entrar el consuelo del Señor como don es porque necesito ser consolado. Estoy necesitado: para ser consolado es necesario reconocer que se tiene necesidad.Sólo así el Señor viene, nos consuela y nos da la misión de consolar a los demás. Y no es fácil tener el corazón abierto para recibir el don y ofrecerlo, las dos alteridades que hacen posible el consuelo”.

La enseñanza de las Bienaventuranzas

Es necesario un corazón abierto y para serlo es necesario “un corazón feliz”. Y precisamente el Evangelio del día de las Bienaventuranzas dice “quiénes son felices, quiénes son los bienaventurados”: “los pobres (el corazón se abre con una actitud de pobreza, de pobreza de espíritu), los que saben llorar, los mansos (la mansedumbre del corazón), los hambrientos de justicia, que luchan por la justicia, los misericordiosos, que tienen misericordia con los demás, los puros de corazón, los que trabajan por la paz y los que son perseguidos por la justicia, por amor a la justicia”.

“Así el corazón se abre y el Señor viene con el don del consuelo y la misión de consolar a los demás”, explicó el Papa.

Aquellos que tienen el corazón cerrado

En cambio están “encerrados” lo que se sienten “ricos de espíritu, es decir “suficientes”, “aquellos que no necesitan llorar porque se sienten justos”, los violentos que no saben qué es la mansedumbre, los injustos que hacen injusticias, aquellos sin misericordia, que no necesitan nunca perdonar porque no sienten la necesidad de ser perdonados, “los sucios de corazón”, los “que trabajan por las guerras” y no por la paz y aquellos que nunca son criticados o perseguidos porque no les importan las injusticias hacia los demás.

“Estos – dijo el Papa – tienen un corazón cerrado”: no son felices porque no puede entrar en ellos el don del consuelo para darlo a los demás.

Abrir la puerta del corazón

En conclusión, el papa Francisco invitó a preguntarse cómo está nuestro corazón, si está abierto y es capaz de pedir el don del consuelo para luego darlo a los demás como un don del Señor. Es necesario, durante el día, pensar en esto y agradecer al Señor que “siempre busca consolarnos”, concluyó; “sólo nos pide que la puerta del corazón esté abierta al menos “un poquito”: “así, Él, luego se las arregla para entrar”.

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