¿Será posible amar sin discutir?

¿Y si las discusiones de pareja no fueran necesarias? Karine Danan, psicoterapeuta, nos lo cuenta todo sobre las maneras de calmar los arrebatos de ira, evitar los gritos y mejorar el bienestar de todos.

Cuando entramos en una discusión, a menudo es difícil contener la ira y razonar. Aunque hay cabida para el desacuerdo en una relación de pareja, las discusiones no son necesarias para amarse.

Para apaciguar las tensiones, la psicoterapeuta Karine Danan aconseja interpelar al otro planteándole una pregunta o hablar sobre uno mismo en vez de enredarse en una lista de reproches inútiles hacia el otro. Una entrevista con pequeños consejos prácticos para todos:

¿Cómo neutralizar una discusión en pareja?

Con frecuencia lo que nos conduce a una discusión son nuestras emociones. Así que lo primero que hay que hacer para neutralizar una discusión es calmar la marea emocional respirando y centrándonos en nuestro cuerpo. Reducir nuestro ritmo cardiaco, bajar el tono de la voz y suavizar los gestos son un primer paso para retomar el control sobre nosotros mismos si queremos evitar una disputa.

Después es posible ver la situación de forma más clara y volver a una actitud de escucha, atenta, relajar nuestra voluntad de hacer entender nuestro punto de vista a toda costa y, en vez de eso, intentar escuchar de verdad lo que nos dice el otro sobre sus necesidades para ver si podemos responder a ellas o no. También podemos esperar a que el otro se calme para continuar la conversación o decidir juntos suspenderla para retomarla en un momento más propicio.

¿Qué actitudes o palabras empeoran la situación?

Actitudes como no escuchar al otro, interrumpirle cuando habla, tratar de convencerle, usar el sarcasmo, ser condescendiente, amurallarse en el silencio, mostrar agresividad o gritar, con frecuencia agravan mucho la situación. Los reproches y el hablar del otro en vez de hablar de uno mismo son perspectivas que no tienen en cuenta el punto de vista del cónyuge y envenenan también la situación.

Una discusión no refleja forzosamente un desacuerdo, sino que la mayor parte del tiempo es fruto de una dificultad para prestar atención o escuchar al otro o incluso para decir de verdad lo que nos sucede por miedo o ignorancia de nuestras necesidades reales.

La mayoría de las veces discutimos porque querríamos que el otro viera las cosas como nosotros, aunque el otro no es ni será nunca nosotros y quizás no pueda/quiera someterse a lo que queremos. Es una riqueza de la que podemos sacar partido más que hacernos mal.

A veces decimos cosas que exceden lo que pensamos realmente. O incluso fingimos no estar escuchando. A menudo, querríamos decir alguna cosa y las palabras que salen de nuestra boca no representan del todo lo que deseábamos compartir. En ese caso, siempre es posible dar marcha atrás, reformular mejor y asegurarse de que el otro ha comprendido el mensaje. Lo que nos puede parecer evidente a nosotros no tiene por qué serlo para el otro.

¿Cómo reanudar el diálogo después de una discusión?

La comunicación verbal (las palabras que utilizamos) solo es una parte de la comunicación. Si nuestra actitud es paradójica o incoherente con nuestras palabras, el otro reaccionará siempre a esa actitud antes de escucharnos. Perdonar no consiste solamente en decirlo, sino sobre todo en actuar en consecuencia. Hay un tiempo para evaluar problemas y otro tiempo para resolverlos.

La discusión llega a menudo por el hecho de que intentamos solucionar el problema antes incluso de comprenderlo. La paciencia es una virtud cuando queremos vivir sin discutir. Saber perdonar es reconocer nuestros errores y reconocer que hemos herido al otro. Siempre nos sentimos mejor cuando los demás reconocen que nos han hecho daño.

¿Cuáles son los errores básicos de una discusión?

Karine Danan: Continuar con la discusión a pesar de que la emoción va acumulándose en uno u otro es el error más común. Una vez estamos asediados por nuestras emociones ya no somos capaces de pensar con eficacia. Nos arriesgamos a creer que estamos dialogando cuando en realidad hablamos un monólogo enfrente del otro.

Querer encontrar una solución a cualquier precio, convencer al otro de nuestro punto de vista, obtener una respuesta o un resultado inmediato son buenos ingredientes para originar o empeorar una disputa. Los reproches o las acusaciones ponen al otro a la defensiva y cuando nos ponemos a la defensiva no estamos abiertos al diálogo.

Otro error consiste es esperar que el otro no reaccione o reaccione con sonrisas a todo lo que le decimos o todo lo que hacemos. Hay que permitir que el otro sienta sus propias emociones sin enredarse en ellas y dejarle espacio para que se calme, es otra manera de salir o evitar una discusión. El desacuerdo no es la discusión y el desacuerdo no siempre es agradable; démonos el derecho a sentir y dejar pasar lo que sentimos. Tomémonos el tiempo de entendernos y respetar nuestras diferencias.

En su último libro “S’aimer sans se disputer…”, Karine Danan ofrece las claves para la felicidad en pareja. Entrevista y consejos de una profesional de las relaciones amorosas.
Para saber más: 
www.karinedanan.fr

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