Escapada con tu pareja… ¿será una encerrona?

Si no tienes demasiada confianza como para considerar una escapada romántica con tu prometido o prometida, lee la experiencia de un fin de semana amoroso de nuestro columnista polaco

A menudo decimos que la elección de un destino no importa tanto como elegir la persona que nos acompañe. Las mejores vacaciones, esas que nos encanta rememorar, son sin duda las que compartimos con nuestros mejores amigos. Sin embargo, esas alegres compañías terminan por perder su gloria cuando tu media naranja se convierte en tu mejor amigo/a.

Así que es muy natural que, ya sea una travesía urbana, un destino rural o una escapada en bicicleta, cualquier actividad parezca mucho más agradable cuando la compartimos con esa persona tan especial a nuestros ojos.

Luego, al reflexionar sobre el tema, la idea del peligro – si habéis decidido esperar al matrimonio para comenzar vuestra vida sexual – empieza a flotar entre tus pensamientos: ¿quizás sería mejor no ir solos? ¿Es de verdad una buena idea? ¿Qué pensará nuestro entorno?

Un día escuché a un amigo afirmar que no valía la pena. La tentación sería demasiado fuerte para las parejas y que incluso los prometidos debían sacrificar sus fines de semana en el altar de la templanza. Sin duda, la castidad es más importante que todas las vacaciones del mundo, pero ¿es una razón para renunciar a los viajes con tu amado o amada? A este tipo de razonamiento yo digo ¡NO!

Es esencial aprender a conocerse y para eso no cabe duda de que hay que pasar tiempo juntos, para confrontar con la realidad nuestra elección de no entregarnos antes del matrimonio. A partir del momento en que se toma la decisión de viajar juntos, hay que ser consciente de que no hay una respuesta única sobre vuestro dilema: las ideas sobre la cuestión son, al menos, tan variadas como las personas que se la plantean.

El gran dilema de la noche

¿Compartir habitación? ¿Compartir cama? ¿Dónde trazar el límite de lo que es aceptable? Cada persona a quien preguntes probablemente tendrá una visión diferente. Incluso entre el clero las respuestas difieren… Para poder tomar una decisión que sea coherente contigo mismo, tendrás que encontrarla en esta jungla de opiniones divergentes aunque, sobre todo, tendrás que descubrir y comprender qué es lo que quieres realmente, qué es lo importante para ti, para vosotros.

¿Para qué estás listo o lista en realidad? Para responderlo hay un método: tomaos tiempo para sentaros, discernir y comprenderos. Expresad juntos vuestras expectativas, encontrar el límite de la comodidad de cada uno. Os aconsejo que lo hagáis sobre todo si todavía estáis en la fase de las mariposas en el estómago… En resumen: conversad. Si es vuestro primer viaje los dos juntos, también es útil hablar de lo que deseáis hacer. Es necesario conocer vuestros deseos y miedos cuando os alejáis de casa.

En pocas palabras, la clave del éxito de vuestro viaje está en la capacidad de cada persona para entender las necesidades del otro y expresar las suyas propias.

Sin embargo, hay otras reglas…

  1. Primero, asegúrate de conocer los límites de tu fuerza de voluntad, más concretamente, cuál es su punto de ruptura. No es una tarea fácil. Muy a menudo, decidimos alguna cosa y terminamos haciendo otra… Si este es tu caso, el primer viaje solos en pareja debería esperar un poco más; organizad algo y viajad juntos, pero quedaos en casa de unos amigos o en la de un familiar. Así podréis compartir un viaje, pero vuestro objetivo será encontraros con otras personas que tal vez os faciliten más vuestro compromiso.
  2. Recuerda que la lucha contra la abstinencia no consiste en una insistente lucha contra un acontecimiento, sino más bien una forma de abordarlo con delicadeza que permitirá no tomar ningún riesgo. Si no estás preparado o preparada, acepta que no lo estás. Ya lo dijo el papa Francisco, no hay que exponerse a los pecados por simple negligencia cuando pueden ser evitados.
  3. ¡El aburrimiento no es tu aliado! Ya dispones de todas las herramientas para planificar vuestro fin de semana y evitar posibles enredos. Si, de todos modos, ¿prefieres declinar estos viajes para esperar al matrimonio? Creo que ambos estaréis incluso más impacientes porque salgan bien después. Quizás incluso mejor, en la medida en que la cuestión de la abstinencia no planteará un conflicto. No ponerse en situaciones difíciles no es ni una huida ni un refugio, sino una auténtica elección vital, una forma de compromiso puro en la castidad.

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