¿Problemas para lidar con tu suegra? Existe una razón

Aspectos de psiciología que te ayudarán a romper con el cliché para que puedas encontrar una paz mayor

De todas las relaciones en la vida familiar, la relación entre la madre y la nuera es muchas veces la más frágil. Aunque es posible que estas dos mujeres compartan vínculos cercanos, es común que la relación sea tensa, o peor aún, con treguas a negociar silenciosamente cada dos meses. Usar la palabra “tregua” puede hacerte pensar en una guerra, y es verdad; a veces, estas relaciones están casi ahí.

Pero ¿por qué? Si hay una batalla, ¿dónde y por qué una suegra y una nuera se desentienden? ¿Cuál es el punto de tensión? En mi perspectiva, es fácil responder: la batalla es por el marido/hijo.

Los niños necesitan mamás

Para entender esto mejor, primero observemos el vínculo único entre una madre y un hijo. Por parte del hijo, los estudios muestran definitivamente que sin el debido apego a su mamá, las probabilidades de que un hombre sea violentoo muestre otras inestabilidades crecen visiblemente.

No es lo mismo para las niñas. Niñas y mujeres, en general, no tienden a la violencia física como los niños y los hombres. Entonces, aunque sea frecuentemente enfatizado cuánto los chicos necesitan de un papá para volverlos un hombre, es a través del vínculo maternal en los primeros años que un niño aprende lecciones que necesitará como hombre.

El varón aprende la verdad del amor a través de la mirada de su madre y los primeros cuidados. En otras palabras, un hombre hace a un hombre, pero queremos más que un hombre – queremos un caballero – y es la madre la que lo puede lograr.

Del lado de la madre, el apego al hijo también es bastante fuerte en comparación con las madres e hijas. Una hija crece más como la madre cuando ella se vuelve mujer. Pero un niño crece al contrario de ella. Se agarra cada vez más a los hombres y amigos. Él se apega especialmente al papá durante la adolescencia. Así, la relación se vuelve más distante, aunque el vínculo sea inquebrantable. Eso no significa que él crezca menos amoroso o cercano. Pero, en algún momento, ellos empiezan a reconocerse como hombres.

La separación necesaria

Sin embargo, aunque sea muy especial el vínculo, un niño debe “cortar el cordón umbilical” o corre el riesgo de ser lo que podríamos llamar “el niño de mamá”. La razón por la cual llamamos a un hombre adulto con mucho apego a su mamá “el niño de mamá” es que parte del proceso de volverse hombre es una separación apropiada del control de la madre. Cuando la separación no se lleva a cabo, permanece un elemento de infancia.

Esto puede ser difícil para las madres, porque ellas tienen un lugar especial para sus niños en sus corazones. La razón por la cual la separación es necesaria es que un hombre deja lo femenino representado por la madre para ser reintegrado en lo femenino a través de su esposa. El matrimonio exige la auto presencia total, en el sentido de que el marido se entregue completamente a su esposa. “Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos se harán una sola carne” (Mt 19,5).

Una verdad nueva y difícil

Esa separación es difícil para las madres. La sensación de rechazo, sin embargo, muchas veces no se siente hasta el momento del matrimonio, cuando la mamá es final y completamente “sustituida” como el principal amor femenino en la vida de un hombre.

Este momento puede ser el momento en que todo cambia en una relación entre la madre de un hombre y su novia. Es también por eso que, cuando la tensión se ha construido: la madre, tal vez de manera inconsciente, culpa a la nueva esposa por sus sentimientos de rechazo y, si hubiera un patrón o historia de traición de otros hombres, esos sentimientos pueden surgir y llevar a una rabia irracional aparente en dirección a la nueva pareja.

La nueva esposa, a su vez, puede, a veces, sentir que la madre del marido ejerce mucha influencia sobre el hijo y puede sentir un extraño tipo de celos o sensación de traición – ella quiere todo el corazón de él. Eso se vuelve un problema mayor si el hijo, de hecho, permanece excesivamente apegado a su madre.

Una vez, mi esposa y yo hablamos con nuestra vecina sobre su hijo recién casado. “A mí realmente ella me cae muy bien”, dijo la vecina, “pero me siento simplemente muy triste”. No preguntamos lo que ella pensaba de la novia de su hijo – solo le preguntamos cómo se sentía. Ella se quedó triste porque la ceremonia del matrimonio le hizo darse cuenta que había sido “sustituida”, de cierta forma, como la mujer más importante en la vida de su hijo.

Naturalmente, tenía sentimientos encontrados en relación a la nueva joven novia que la había desplazado. Es por eso que ella nos aseguró que a ella le caía bien la nueva novia, a pesar de que fuese ella quien la “hacía sentir así”.

Otra pareja que conozco describió la nueva realidad de un matrimonio de esta forma: “Durante los preparativos para la boda, nosotras ( la nuera y la suegra) éramos las mejores amigas: pero después de la boda -el propio día de la boda- todo pareció cambiar y ahora todo es un drama. ¡No sé qué pasó!”.

Abrazando la realidad

Entonces ¿qué podemos hacer? Bien, como sabes, las tensiones interpersonales y las heridas familiares pueden ser difíciles de sobrellevar, pero la mejor manera de disminuir la tensión potencial (sean novias, hijas o madres) es reconocer la verdad y pedir ayuda.

Las madres deben aceptar que sus hijos son hombres y maridos, lo que significa que la mamá debe, en cierto sentido, someterse a su autoridad en su casa y nunca intentar influenciar las elecciones y las direcciones de la familia. Ella ya no tiene autoridad sobre él. Ella tuvo su momento, y ahora él ya ha crecido.

Una madre nunca debe hablar mal de su nueva esposa como una manera de recrear un vínculo con el hijo, y ella no debe usar la culpa para intentar persuadirlo de acercarse a ella o hacer lo que ella piensa que es lo correcto.

Los hijos deben unirse a sus esposas y no causar tensiones innecesarias, por ejemplo, discutir cosas con sus mamás que no discuten con sus esposas o buscar consejos o aprobación materna de la forma en que un chiquillo lo haría. Deben reverenciar a sus mamás y honrarlas como Dios quiere, como hombres. Deben entregarse completamente a sus esposas.

Las esposas también deben respetar a su suegra, con el debido agradecimiento por el don del marido. Ellas deben buscarlas como mentoras y, en el mejor de los casos, desarrollar amistades con la madre, unidas por el amor común. Aunque a veces ellas sientan la tensión, se han casado con una familia y el respeto es importante. Si la madre es incapaz de una relación así y no “deja” ir a su hijo, la esposa puede ser simpática y concentrarse en la confianza mutua con su marido, de modo que la tensión no se filtre y debilite la unión conyugal.

Y en todo esto, sabemos que es voluntad de Dios que hombres y mujeres se unan en matrimonio. Sabemos que el fruto de esa unión son los niños y que todas esas relaciones son buenas y capaces de ser santas y dar vida. Aunque sea tensa y difícil, pienso que las barreras potenciales también proporcionan la oportunidad de una unión más cercana y un mayor amor, si permitimos que la verdad y la gracia nos den luz para verlas.

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