La primera misión del Papa al cardenal Rosa Chávez: gestionar la paz en Corea

Pope Francis leads a consistory for the creation of five new cardinals on June 28, 2017 at St Peter’s basilica in Vatican. Four of the five new ‘Princes of the Church’ come from countries that have ne

El nuevo cardenal lo hizo público en su primera misa, como cardenal, en la catedral de San Salvador

Los modos de concebir la intermediación política del Papa Francisco parecen ser tan novedosos que muchos analistas los califican de ingenuos., aunque, por lo pronto, surtieron efecto (aunque momentáneo por la nueva administración federal de la nación americana) en la vieja disputa y el congelamiento de relaciones comerciales y diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos, un conflicto de casi 60 años.

De los pobres de la parroquia a Seúl

Pero lo que nadie imaginaba fue lo que dio a conocer el pasado sábado 8 de julio en una Misa celebrada en la Catedral Metropolitana de San Salvador el primer cardenal salvadoreño, Gregorio Rosa Chávez: que el Papa Francisco lo enviará a representarlo para gestionar un acuerdo de paz en el conflicto que divide, desde la década de los cincuenta del siglo pasado, a Corea del Norte y Corea del Sur.

Ésa es, ni más ni menos, la tarea de este cardenal que hace algunos meses era obispo auxiliar de San Salvador y pensaba, el próximo 3 de septiembre de 2017, presentar su renuncia por límite de edad. Tarea que envuelve el difícil equilibrio de cuatro súper potencias involucradas en el conflicto: Estados Unidos, Rusia, Japón y China, además de las dos Coreas.

El cardenal Rosa Chávez pensaba seguir su vida con los pobres de la parroquia de San Francisco en El Salvador, y ahora se verá envuelto en una gestión de paz aderezada por el constante roce entre Estados Unidos y Corea del Norte por el tema de las pruebas de misiles intercontinentales y de mediano alcance que presuntamente está llevando a cabo el gobierno comunista de Pyongyang.

Una tarea muy complicada

Hay que recordar que hasta 1945, Corea era una colonia de Japón. Tras la rendición de Japón en 1945, los Aliados de la Segunda Guerra Mundial dividieron la península coreana por el paralelo 38, quedando en el norte las tropas soviéticas y en el sur las estadounidenses. En 1948 la península coreana se divide en dos entidades políticas: la República de Corea (Corea del Sur) y la República Democrática Popular de Corea (Corea del Norte).

Dos años después, en 1950, las tensiones entre capitalismo y comunismo provocaron una guerra en la que Corea del Sur fue apoyada por Estados Unidos y Corea del Norte por la Unión Soviética y China. La guerra duró hasta 1953, cuando se celebró un alto al fuego pero no se firmó ningún tratado de paz. Según este acuerdo Corea del Sur y Corea del Norte están divididas por la línea de demarcación militar en ambos lados de la zona desmilitarizada, de una anchura de 4 kilómetros.

Aunque se han firmado diversos tratados entre ambas naciones, las tensiones han seguido hasta ahora, sobre todo por la militarización extraordinaria de Corea del Norte, que posee un personal militar en activo de poco más de un millón de soldados, mientras que Corea del Sur tiene 694,000 fuerzas en activo.

Los caminos de Dios

Durante el anuncio, el cardenal salvadoreño dejó en claro que su colaboración con el Papa Francisco estará dirigida a actuar en este tipo de conflictos. Su bagaje viene de haber sido muy cercano al beato Óscar Arnulfo Romero; el seguimiento de su doctrina de acercamiento a los pobres y el trabajo de reconciliación tras la guerra civil de El Salvador, a fines del siglo pasado. De hecho, anunció que ya tiene la primera invitación para ir a Seúl en fecha próxima.

Durante la Misa que celebró para dar gracias a Dios por el nombramiento como el primer cardenal en la historia de la Iglesia salvadoreña, Rosa Chávez dijo que él quería seguir el camino trazado por su servicio a los pobres, “pero Dios tiene otros planes”. Y agregó: “Un cardenal no es un príncipe… es un servidor que debe estar dispuesto a derramar su sangre por Jesucristo”.

Quizá, en esta primera misión asignada al cardenal por el Papa, no vaya a derramar su sangre, pero, seguramente, se enfrentará a un conglomerado de intereses que van más allá de la división en el paralelo 38 y sus 4 kilómetros de franja desmilitarizada. Intereses que se arrastran desde la capitulación de Japón en la Segunda Guerra Mundial y la disputa de los dos grandes bloques por el dominio del mundo. O, cuando menos, de esa parte del mundo.

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