Venezuela, un país donde las predicciones no funcionan

Calles vacías y centros sin afluencias de personas, así transcurría la jornada electoral de este domingo

Con plomo en el ala iba el gobierno a elecciones este domingo. Unos 7.5 millones se expresaron el pasado 16 de julio contra la Constituyente de Maduro. Sin auditorías, con movilidad entre centros y con centros nucleados, sin tinta indeleble, 38% excluidos, 5.000 electores de 110 años de edad y otras irregularidades como impedir que la prensa se acerque a menos de 500 metros de los centros de votación, transcurría a jornada de votaciones a las que ha convocado el gobierno.

Calles vacías y centros sin afluencia de personas fue la nota que marcaba el día. En las zonas populares como la traficada Ave San Martín, hasta mediodía habían sufragado apenas unas 20 personas que una a una, al hacer su entrada, eran acompañadas por un sonoro cacerolazo de parte de sus vecinos. Idéntico espectáculo se verificaba en los lugares de Caracas y el interior del país, que otrora fueron inamovibles bastiones del chavismo.

La oposición llamó a llenar las principales avenidas donde la gente habitualmente se concentra para repudiar el evento electoral de este doming. La Guardia Nacional Bolivariana (GNB) había apostado, desde tempranas horas, sus tanquetas y contingentes para evitar la demostración y lanzaba lacrimógenas aun antes de que la gente arribara a los puntos de encuentro. Al tiempo de redactar esta nota, se escuchan detonaciones desde la autopista Francisco Fajardo, sitio habitual de protestas de la oposición por su amplitud y por cruzar Caracas de este a oeste.

El Poder Electoral informó que el proceso de instalación se habría completado en el 96% de las mesas electorales; sin dar detalles de número y ubicación, lo que a criterio del analista Aníbal Sánchez,  “dejará la duda sobre si realmente sabremos quiénes y cuántos finalmente votaron”.

Aparte de la detención del magistrado designado por la Asamblea Nacional, a quien se mantiene encerrado en un baño del Sebin, en medio de excrementos y sin permitir la visita de abogados y familiares, está la andanada de severas torturas a que viene siendo sometido el valiente general tachirense Angel Vivas, golpeado brutalmente por los esbirros de la dictadura por denunciar a viva voz la presencia de agentes cubanos en la sede de la policía política y cuyo estado de salud no ha podido siquiera ser constatado.

Como si fuera poco, al joven violinista Willy Arteaga, conocido por sus interpretaciones musicales en medio de las refriegas callejeras, fue detenido, su pelo quemado y golpeado en su rostro con pérdida de la audición en su oído derecho. Todo ello alimenta la indignación de la ciudadanía cuya determinación a permanecer en rebeldía contra el régimen, a pesar de la atroz represión es, por lo menos, admirable.

Analistas han opinado que “la guerra” apenas comienza; otros piensan que esta aventura constituyentista es el fin del régimen por cuanto representa su mayor error y lo comparan con el amañado plebiscito del ex dictador Marcos Pérez Jiménez cuando ejecutó el fraude electoral  en 1957 –juego de niños comparado con el que se gesta hoy- que fue el dintel de su puerta de salida un mes después.

Tulio Álvarez, profesor universitario y abogado constitucionalista asegura que aquél que designen como presidente de la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) puede sustituir a Maduro como jefe de gobierno y que esta instancia “tendría la misma legalidad y legitimidad que un golpe de Estado”.  Circula que el prevenido para ejercer esa función es Diosdado Cabello, el más señalado narco militar del régimen.

No en balde, en un foro hoy en la prensa local, Pedro Nikken,  prestigioso jurisconsulto, expresidente de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, hizo ver cómo “Maduro está cayendo en su propia trampa”; pero no se mostró muy optimista: “Creo que se negociará después del pago de una exorbitante dosis de violencia y probablemente de sangre inocente”.

“La Constitución que pretenden imponerle al país nace muerta porque no obedece al mandato universal del pueblo”, dijo, y recordó la sentencia de Ramón J. Velázquez, historiador, escritor, político y ex presidente de la República: “Mire, en Venezuela es muy difícil hacer predicciones porque, a diferencia de Colombia, no somos un país de instituciones sino de acontecimientos. Un día, usted se despierta y encuentra un acontecimiento que cambió el rumbo de la historia”.

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