Sorprendente apostolado de las mujeres del Oratorio de San Felipe Neri

Le importaba la presencia de la mujer y reconocía la especial vinculación que ésta tenía con su pedagogía tan humana

Estas fueron algunas de las muchas mujeres que se destacaron en una sociedad masculina haciendo un increíble aporte con la práctica de su caridad

En una sociedad patriarcal y en un Oratorio de presencia masculina y principalmente juvenil, San Felipe Neri tuvo la destreza de incorporar en el apostolado de su corazón al mundo femenino más heterogéneo, desde las más renombradas mujeres de la sociedad hasta las mujeres de mala conducta y vida liberal.

La Iglesia siempre se preocupó por defender la presencia de la mujer en una sociedad masculina.

Ya San Ignacio de Loyola había logrado un avance muy importante en este punto al incluir mujeres un par de décadas atrás, pero la atracción que ejercía Felipe en todos los corazones y en especial en el ámbito femenino que siempre había sido el más descuidado o postergado de los intereses públicos y de la cultura, era admirable.

Al santo sin lugar a dudas le importaba la presencia de la mujer y reconocía la especial vinculación que ésta tenía con su pedagogía tan humana ya que detrás de ella, él se acercaba a todos: esposos, hijos e hijas, hermanos y hermanas, abuelos y abuelas.

El Oratorio fue la Obra magna de San Felipe Neri que comenzó en el año 1558. Este era un lugar de encuentro para la oración, la formación, el servicio, la espiritualidad cristiana y los esparcimientos alegres y vivos al aire libre donde se contemplaba la creación y las obras de Dios en las personas y el mundo. Las visitas a los hospitales era parte integral de este apostolado asistiendo a los enfermos donde las mujeres especialmente hicieron un increíble aporte.

Algunas de las personalidades femeninas más destacadas

Un sinnúmero de mujeres de todos los estamentos sociales desfilaron cerca del Oratorio y sus enseñanzas, dando así un gran ejemplo de libertad y de vida cristiana gracias a la guía espiritual de Felipe y trabajando con él con un sorprendente apostolado para lo que significaba en aquella época. Algunas de ellas fueron:

La napolitana Fiora Ragni; Antonia, ciega que reconocía al Santo con el sólo toque de la mano; las místicas Marta di Spoleto y Ursula Benincasa, ésta última religiosa y fundadora de las Romitas y de las Oblatas de la Inmaculada Concepción; la sienés viuda del músico y benefactor Animuccia, Lucrecia Giolia Animuccia.

Antonina Raida que hospedaba a solteras; Anna Borromeo, hermana del cardenal San Carlos, esposa de Fabricio Colonna y nuera de Marco Antonio, héroe de Lepanto, que con el padre Pateri con gran talento fundó el refugio para jóvenes en peligro; el clan de las mujeres Sforza di Santa Fiora compuesto entre ellas por Caterina Sforza di Santa Fiora y Fulvia Sforza di Santa Fiora, ésta última cuñada del cardenal que junto a Baronio fundó el conservatorio de Santa Eufemia para las “solteras extraviadas”.

Lavinia Orsini della Rovere, mujer culta con inclinaciones calvinistas, convertida por el padre y después gran benefactora de la comunidad y Julia Orsini Rangoni di Lamentana, cuñada de Lavinia y como ella, de tendencias protestantes, convertida dedicándose a las obras de caridad entre la que se distingue entre tantas el “refugio para las solteras pobres”. Gallonio en sus escritos la llamará «nueva Paula» y la destacará como a un gran apóstol.

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