El contacto humano es mejor que un iPhone

El filósofo Hadjadj explica porqué la tecnología es bienvenida, siempre y cuando se establezcan las jerarquías

Hombres y mujeres en los tiempos del smartphone. ¿Qué será de ellos? ¿En dónde acabarán las relaciones sociales?

El filósofo cristiano Fabrice Hadjadj, hace tiempo en “Últimas noticias del hombre y de la mujer” intentó ofrecer las respuestas (que intentan ser optimistas).

La novedad del hombre de antes era mucho “más duradera”. Dios, sostiene Hadjadj, “le había dado un cierto modelo de cuerpo, o más exactamente dos modelos emparejados, hombre y mujer, y se detuvo en ese momento, viendo que era bueno. Sin error ni vanidad, ¿no era Él el omnipotente?, estaba seguro de haber creado una novedad perenne, un flujo de manantial que brota del Eterno que permanece más venerable que el antiguo o más joven que el futuro”.

Garantía divina

Esa “garantía divina”, observa el filósofo, “invitaba a cada uno a renovar la mirada personal sobre lo que ya estaba ahí, a redescubrir las propias manos capaces de recibir más que de tomar, la boca por donde entra el pan y de donde sale la palabra (…)”

Smartphone, iPod y tablet en lugar de las manos

Aquella época, constata Hadjadj, “parece haber terminado. El sentido ha sido sustituido por el progreso”. Pero si la cosas tienen sentido “es muy difícil sustituirlas con una nueva mercancía. Es necesario que sean insensatas. Que nuestras manos pierdan su vocación eterna (manejar la pala, tocar la guitarra, acariciar a una mujer…) para que sean sustituidas por un dispositivo con su excepcional oferta de lanzamiento”, como podría ser un smartphone.

La lombriz

El filósofo cristiano no se define ni un “progresista”, ni un “declinista”.

“El mundo, dice, es aún demasiado bello para mí. Una lombriz no deja de sorprenderme. Y se que ninguna tecnología me permitirá entender a mi esposa, ni amarla más. Mi resistencia al progresismo procede de mi acoger el mundo tal y como es, con todo su drama. No he aprendido aún a construir una casa, cultivar un huerto, pensar como san Agustín, escribir poesía como Dante,  ¿por qué debería, entonces, ponerme un casco con realidad aumentada? ¿No soy todavía lo suficiente humano? ¿Para qué buscar volverme un cyborg? Sería, con la excusa de estar a la vanguardia, desertar de mi lugar”.

La inteligencia artificial

Quien se maravilla del nacimiento de un niño, observa de forma desafiante Hadjadj, “es poco sensible a la publicidad del último iPhone. Uno que sabe aún clamar por nuestra salvación no es lo suficiente crédulo para votar por la inteligencia artificial. A menos que la inteligencia artificial no ayude a clamar más y a sorprenderse de la lombriz”.

La jerarquía

El filósofo, en esencia, sostiene que no es “un enemigo de los objetos tecnológicos. Y un utópico del “regreso a la naturaleza”. Sus referencias son a la tecnología como paradigma que se remplaza con el paradigma de la cultura. No se trata de excluir sino de establecer una jerarquía: que el iPod esté subordinado a la guitarra, que la tablet electrónica esté al servicio de la mesa, porque la tablet y el iPod nos empujan al consumismo individual desencarnado, mientras que la guitarra y la mesa nos invitan a prácticas carnales y sociales”.

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