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El Papa convoca un “mes misionero extraordinario” para octubre de 2019

La convocatoria figura también en una misiva al prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, Fernando Filoni, y servirá para conmemorar el centenario de la carta de Benedicto XV “Maximum Illud” (1919) sobre la labor misionera en el mundo.

“Convoco un mes misionero extraordinario en octubre de 2019, con el fin de despertar aún más la conciencia misionera de la ‘missio ad gentes’ y de retomar con un nuevo impulso la transformación misionera de la vida y de la pastoral”, señaló en la carta, difundida por la Santa Sede.

Y emplazó a Filoni a preparar este evento “especialmente a través de una amplia sensibilización de las Iglesias particulares, de los Institutos de vida consagrada y las sociedades de vida apostólica, así como de las asociaciones, movimientos y comunidades eclesiales”.

“Que el mes misionero extraordinario sea un tiempo de gracia intensa y fecunda para promover iniciativas e intensificar de manera especial la oración -alma de toda misión-, el anuncio del Evangelio, la reflexión bíblica y teológica sobre la misión, las obras de caridad cristiana y las acciones concretas de colaboración y de solidaridad entre las Iglesias”, señaló.

Y todo, agregó, “para que se active el entusiasmo misionero y nunca nos lo roben”.

El Santo Padre recordó también recordó a los 109 claretianos asesinados durante la Guerra Civil española y beatificados el sábado en Barcelona y pidió que su “ejemplo heroico” sirva de apoyo a los cristianos perseguidos en todo el mundo.

“Que su ejemplo heroico y su intercesión apoyen a los cristianos que también en nuestros días, en muchas y diversas partes del mundo, sufren discriminaciones y persecución”, señaló el Papa desde el Apartamento Apostólico tras presidir el rezo del Ángelus dominical.

El prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, Angelo Amato, presidió este sábado la beatificación de 109 mártires claretianos en la Sagrada Familia de Barcelona, la primera vez que este templo acoge este tipo de ceremonia.

De los nuevos beatos, fusilados en la Guerra Civil (1936-1939), 73 eran de Cataluña, 14 de Navarra, 4 de Huesca, 5 de Burgos, 2 de Logroño, 2 de Palencia, 2 de Zaragoza, 2 de Teruel, 1 de Álava, 1 de Cádiz, 1 de Madrid, 1 de Valencia y 1 de Auch (Francia).

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Así cambia la misa el “Domingo de la Palabra”

El 24 de septiembre, con ocasión del evento promovido por los paulinos y la Comunidad de san Egidio, la Biblia asumió un papel central

El pasado 24 de septiembre de 2017, en la jornada dedicada a la Biblia, se llevaron a cabo algunos cambios extraordinarios en la misa del “Domingo de la Palabra”.

Con el objetivo de volver lo más central posible las Sagradas Escrituras ese domingo, los paulinos y la Comunidad de san Egidio – promotores de la iniciativa – difundieron una ayuda litúrgico-pastoral “El Domingo de la Palabra” (ediciones San Pablo)

El objetivo es apoyar a los sacerdotes y a los laicos para una mejor organización de la jornada y en particular de la misa.

Durante el Gloria

Con ocasión del Domingo de la Palabra, y por lo tanto de forma extraordinaria, durante el canto del Gloria, el diácono, presidido y acompañado por dos ministros con los respectivos cirios proceden a la entrada solemne de la Biblia oportunamente revestida y se aproximan al altar.

La Biblia

El diácono lleva el Libro, manteniéndolo elevado. Al llegar al presbiterio, el diácono y los acolitos colocan la Biblia en el ambón de manera que pueda ser usada para la proclamación de las lecturas y el Evangelio.

En caso de que se utilizara el evangelario en lugar de la Biblia, ésta se colocaría en el altar. Cuando no hay diácono la entronización la realiza el lector de la epístola. Lo precede el turiferario; se encuentran junto a él los acólitos con los cirios.

La infusión del incienso

Durante el “Canto al Evangelio” los acólitos con los cirios y el turiferario se acercan a la sede, para la infusión del incienso; se dirigen, por lo tanto, con el diácono y con el presidente al ambón para la proclamación del Evangelio. Esta será precedida por al incensación.

El beso del Libro

Al terminar la proclamación, el ministro besa el libro en señal de veneración añadiendo en voz baja:

“La palabra del Evangelio borre nuestros pecados”. Si la celebración es presidida por el obispo, al terminar la proclamación, el presbítero o el diácono lleva al obispo la Biblia para besarla, o la besa él mismo. Es bueno que en esta ocasión el celebrante imparta la bendición al pueblo con el Libro Sagrado.

Gesto de veneración

Con el objetivo de subrayar la centralidad de la Palabra, los fieles pueden ser invitados a expresar un gesto de veneración: en este caso, la Biblia, antes de ser nuevamente colocada en el ambón, o en otro lugar oportuno, se expone para la veneración de los fieles. Un beso, particularmente donde estén presentes los niños, o una reverencia con una mano apoyada en la página bíblica.

El anuncio de los misioneros

La misa, tras la oración después de la comunión, puede encaminarse a su conclusión con el envío de los “Misioneros de la Palabra”.

El diácono, o en su ausencia, otro ministro, anuncia a los fieles los nombres de los “misioneros”, indicando, si es oportuno, el grado u oficio que cada uno de ellos tiene en el pueblo de Dios, como también el ámbito o personas a quienes son enviadas. Pueden ser elegidos los representantes de las varias realidades de beneficencia y asociaciones presentes en el territorio.

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El muñeco de nieve: El thriller en clima frío

Lo peor de la película es lo poco que cree en sus personajes

Tomas Alfredson había dirigido de puntillas, sin llamar demasiado la atención, muchas series y telefilmes, e incluso varios largometrajes, antes de que la flauta sonase con Déjame entrar (2008) en su larga travesía del desierto.

Era una película de terror narrada desde fuera, por un intruso en el género que supo extraer de rasgos más bien realistas un clima alucinatorio donde una vampirita acababa convertida en ángel exterminador y femme fatale casi al mismo tiempo, con un paisaje proletario de fondo, un poco como el de Martin (1978, George A. Romero).

Luego Alfredson dirigió El topo (2011) en territorio extranjero, pero se llevó consigo su gusto por el claroscuro, la demora compositiva y los contrastes entre lo familiar y lo anómalo dentro del mismo plano, consiguiendo que el subgénero de espías latiese más allá de Bourne & Co, sin artes marciales ni imágenes generadas por ordenador.

Ahora nos propone El muñeco de nieve, que tiene que rivalizar con pesos pluma del thriller, en este caso en versión escandinava. La película se basa en la séptima novela que el novelista Jo Nesbø le dedicó al detective Harry Hole (interpretado aquí por Michael Fassbender).

Como no la he leído, y aunque sé algo sobre la violencia extrema de su autor para narrar asesinatos y torturas, tendré que conformarme con sacarle comparaciones con las películas basadas en la Trilogía Millenium de Stieg Larsson -a quien tampoco he leído, mea culpa- y concluir que entonces no es tan mala, y eso que buena tampoco me parece.

El desastre -sí- puede que venga de lejos, de cuando Martin Scorsese dijo que la iba a dirigir y luego prefirió pasar, de cuando un guionista se convirtió en tres acreditados (y algunos más en la sombra), de cuando se multiplicaron los montadores porque no había suficiente película, y de cuando el dinero comenzó a provocar prisas y todo fue quedándose a medias, quizás porque ya nadie confiaba en que el barco pudiese llegar a buen puerto (algo que explicaría que se estrenase sin pases de prensa, para tomar por sorpresa la taquilla y ver si el primer fin de semana de recaudación salvaba el proyecto del desastre).

En el cine clásico te presentaban a los personajes con dos pinceladas, imprimiendo luego el mismo ritmo a la acción, de modo que todo era eléctrico pero con sentido del ritmo. Había un equilibrio entre narración e imagen que ahora ya no hay porque el espectáculo quiere apropiarse del control, dejando a menudo las historias cojas y a los personajes mutilados, como efectos colaterales de un concepción cada vez más industrial, clonadora y boba de la historia del cine, que en una época de residuos dialécticos le proporciona significado a todo, para bien, para mal y para lo que sea. O deja el peso de la literatura en manos de las series de televisión.

Con respecto a esta película, podría decirse que trata sobre un detective alcohólico (el trabajo y los demonios se le han metido hasta el tuétano), un asesino en serie que trabaja con patrones (porque es muy vengador e inteligentísimo) o la sociedad noruega (que -ya puestos- podemos decir que ejemplifica a toda Escandinavia). Traducido queda así: la víctima, el bichejo y la sociedad del espectáculo (o el simulacro).

Lo peor de la película es lo poco que cree en sus personajes, en su capacidad para suscitar el interés del espectador sin que haya grandes dosis de suspense, miedo y sangre de por medio. Lo mejor son algunos planos donde un paisaje urbano desolador autentifica el esfuerzo de algunas imágenes por parecer amenazantes antes de serlo.

Entre todo esto, El muñeco de nieve sufre esa dispersión de quienes quieren hacer psicología, sociología, periodismo, comentario político y ficción a la vez, yendo de acá para allá sin encontrar nunca un centro. “Hace frío”, nos dicen las imágenes y nos las creemos; “aquí todo es un baile de máscaras”, nos sugiere la trama al descubrirse que cada invierno, al desatarse la primera tormenta de nieve y ser asesinado un miembro de una familia cuyo padre no era quien decía serlo, y entonces ya no creemos con tanta vehemencia.

Todo es bonito, pintoresco; es Noruega, un infierno con apariencia de postal navideña. Aquí sólo se puede beber para combatir el frío, la intemperie, las noches sin día. Los padres sin hijos se dan de bruces con los hijos sin padres, y en medio está un mundo que cambia: tipos listos por instinto frente a inteligencias artificiales (o artificiosas, con tecnología punta).

Menos mal que unos y otros quieren atrapar al asesino, incluso el asesino lo quiere, seguramente para devolvernos la esperanza de que en cuanto destruyamos la ilusión del presente a lo mejor aún nos queda algo que festejar en el futuro.

Ficha Técnica

Título original: The Snowman (2016).

País: Reino Unido.

Director: Tomas Alfredson.

Guión: Hossein Amini, Peter Straughan, Søren Sveistrup (a partir de la novela homónima de Jo Nesbø).

Reparto: Michael Fassbender, Rebecca Ferguson, Charlotte Gainsbourg, Jonas Karlsson, J. K. Simmons, Val Kilmer, James D’Arcy, Chloë Sevigny, David Dencik, Michael Yates, Jamie Clayton, Toby Jones, Sofia Helin, Ronan Vibert, Jakob Oftebro,Alec Newman, Silvia Busuioc.

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¿Espiritualidad o consumo religioso?

El negocio de los productos religiosos

Mucho se ha escrito acerca del creciente interés postmoderno sobre la espiritualidad y las religiones, pero algunos expertos en la nueva religiosidad como Michael Fuss, o sociólogos como G. Lipovetsky, advierten sobre las ambigüedades de la búsqueda religiosa de nuestro tiempo. ¿Es solamente una búsqueda de trascendencia o solamente un afán consumista de experiencias de bienestar? Creo que hay un poco de las dos cosas.

El consumo religioso

La mentalidad consumista ha conquistado espacios de la vida que no dependen del intercambio comercial. Esta se ha infiltrado en las relaciones humanas, en la política, en la educación y en el tiempo libre. Se usa al otro como medio, para alcanzar un objetivo personal, y si este “otro” es Dios, también se lo usa, como alguien que ha de “servir para algo”, según una lógica de utilidad, donde no se busca el encuentro con el otro, sino la propia gratificación. Crece así la religiosidad “a la carta” donde cada uno se arma su menú espiritual, tomando de cada tradición religiosa, de la psicología y algunas pseudociencias, lo que mejor le asista a su necesidad personal. Una muestra de ello son las incontables ofertas de técnicas de desarrollo personal en el ambiente “New Age”, guías de la felicidad y de autoayuda. Como expresa Lipovestsky: “asistimos a la expansión del mercado del alma y su transformación, del equilibrio y la autoestima, mientras proliferan las farmacopeas de la felicidad. En una época en que el sufrimiento carece totalmente de sentido, en que se han agotado los grandes sistemas referenciales de la historia y la tradición, la cuestión de la felicidad interior vuelve a estar “sobre el tapete”, convirtiéndose en un segmento comercial, en un objeto de marketing que el hiperconsumidor quiere tener a mano, sin esfuerzo, enseguida y por todos los medios”.

Autosalvación terapéutica

A diferencia de la concepción judeocristiana de la salvación gratuita que viene de Dios, se propone un camino de autosalvación, de autoperfeccionamiento y autosanación, donde a imagen de la antigua gnosis se busca “despertar la conciencia” de la propia divinidad, en un panteísmo solapado o explícito, donde si se habla de Dios es como una energía impersonal de la que todos formamos parte. No se entiende la fe como diálogo, como acto de creer algo a otro (Dios), sino como fe en uno mismo, como autosugestión y autosuperación. La fe se deposita en las propias posibilidades de la mente y en técnicas aprendidas de revistas y libros de autoayuda. Se abandona así la dimensión relacional de la fe y el individuo se repliega sobre sí mismo, dando la espalda a todo lo que no sea su pura subjetividad.

Por otra parte, en un mundo dominado por la mentalidad técnica, también se ofrecen nuevas “técnicas” espirituales para salvarse de todo lo que se desee ser liberado y muchas propuestas de tipo religioso se ofrecen en el mismo lenguaje que cualquier especialista en resolver problemas técnicos, porque solo requieren alguien que tenga el conocimiento y el método para resolver lo que sea. Crece una ingenua búsqueda de soluciones mágicas ante todas las dificultades que se presenten en la vida personal.

Pensamiento mágico

En una cultura colonizada por la lógica instrumental, no es extraño encontrar este modo de pensar en las búsquedas espirituales, derivando en creencias y actitudes mágicas que buscan instrumentalizar a la divinidad para los fines particulares. No es un fenómeno presente solo en la religiosidad popular de corte New Age, sino que se manifiesta al interior del mismo cristianismo, en ámbitos católicos. No solamente en la incorporación de literatura y técnicas de inspiración esotérica, sino en un fideísmo que da la espalda a la razón y acepta en forma mágica e infantil toda clase de creencias supersticiosas. Esto puede verse en el uso de sacramentales (agua bendita, objetos bendecidos, etc.) como una serie de amuletos con poderes mágicos, que por el solo hecho de tenerlos uno estaría protegido de cualquier mal. Se promueven así formas de vivir la fe cristiana que terminan traicionando su sentido original, deformando los sacramentos como si fueran pociones mágicas de poder sobrenatural.

Las palabras no son inocentes

El uso del lenguaje que se toma prestado de un ámbito para usarse en otro, no es simplemente un montón de comparaciones inocentes, porque al cambiar el lenguaje, siempre se arrastra una concepción del ser humano y de las relaciones humanas, de la vida y del mundo. Por ejemplo, cuando se utilizan términos tomados del ámbito de la economía, del marketing, de la publicidad, y se los pretende aplicar al mundo religioso, se corre el riesgo de pervertir el sentido original de la experiencia religiosa y acomodarla a visiones reduccionistas. Además esas categorías no dan cuenta de la realidad del hecho religioso en su verdad más profunda. Por el camino del cambio a un lenguaje comercial, se entra en una lógica donde no existe la gratuidad, sino un mero pragmatismo donde la religión se valora según lo que pueda “aportar” al interesado y no se habla de las grandes preguntas de sentido, de búsqueda de la verdad, que llevan al ser humano al encuentro con Dios. Y así, la lógica de consumo también ha colonizado gran parte del ámbito religioso. Es significativo ver como muchos nuevos movimientos religiosos ya no hablan de vida eterna, sino de prosperidad, éxito y realización personal.

Cambiar la mirada

Tomar conciencia de los condicionamientos culturales que pueden transformar la propia fe en un producto de supermercado, nos lleva necesariamente a estar atentos a no convertir la vida espiritual en un itinerario superficial que solo busca sensaciones o resolver problemas en forma mágica. La fe cristiana es siempre un llamado profético a salir de los propios esquemas e intereses egoístas para abrirse a una relación que nos desinstala, que nos mueve a salir al encuentro de los otros, al encuentro de Dios. Concebir las relaciones desde la gratuidad del amor, viendo al otro como fin en sí mismo y no como un instrumento para alcanzar mis intereses, es una clave ética que nos ayuda a salir de la tentación de un egoísmo crónico anclado en el propio capricho subjetivo.

Cambiar la mirada desde la fe cristiana es comprender la religión como amor y verdad, no como consumo, es buscar a Dios por él mismo, no por lo que podemos conseguir de él.

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¿A quién perteneces? A tu familia, trabajo… Papa Francisco te contesta

El creyente mira a la realidad futura, la de Dios, para vivir la vida terrena en plenitud

El Papa Francisco introdujo el rezo del Ángelus invocando la ayuda de la Virgen María para “vivir siempre en conformidad con la imagen de Dios que llevamos en nosotros, dando también nuestra contribución a la construcción de la ciudad terrena”.

Con el Evangelio de XXIX Domingo del Tiempo Ordinario, (Mt 22,15-21) el Santo Padre reflexionó sobre las palabras de Jesús respondiendo a los fariseos, que le habían tendido una trampa: ¿Está permitido pagar el impuesto al César o no?

“El Maestro responde con calma y aprovecha la pregunta maliciosa para dar una enseñanza importante, elevándose por encima de la polémica y de los bandos opuestos”. … Con la imagen de la moneda Jesús les dijo: “Den al César lo que es del César, y a Dios, lo que es de Dios”. (cfr 19-21).

El Señor declara que pagar el impuesto no es un acto de idolatría, sino un acto debido a la autoridad terrena y al mismo tiempo “da un ‘golpe de ala’ y  recordando la primacía de Dios, pide darle lo que le corresponde en cuanto Señor de la vida del hombre y de la historia”.

“Pero ante todo – nos recuerda Jesús – tú perteneces a Dios. Es Él el que te ha dado todo lo que eres y tienes. Y por lo tanto, nuestra vida, día tras día, podemos y debemos vivirla en el re-conocimiento de esta nuestra pertenencia fundamental y en el re-conocimiento del corazón hacia nuestro Padre, que crea a cada uno de nosotros singularmente, irrepetible, pero siempre según la imagen de su Hijo amado, Jesús. Es un misterio estupendo”.

“El cristiano está llamado a comprometerse concretamente en las realidades humanas y sociales sin contraponer a ‘Dios’ y a ‘César’, sino iluminando las realidades terrenas con la luz que viene de Dios”, hizo hincapié el Santo Padre, destacando que “la consagración prioritaria a Dios y la esperanza en Él no conllevan una fuga de la realidad, sino aún más un restituir operosamente a Dios lo que le pertenece. Es por ello que el creyente mira a la realidad futura, la de Dios, para vivir la vida terrena en plenitud y responder con valentía a sus desafíos”.

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5 claves por las que la Iglesia “es” y debe ser misionera

Mario Paredes, asesor católico del Museo de la Biblia en Washington, destaca 5 motivos por los cuales la Iglesia y la misión son dos conceptos inseparables

  1. La Biblia ya situa la misión como centro de la relación del hombre con Dios

La Sagrada Escritura pone como eje y fundamento de toda relación del hombre con Dios un llamado o vocación y una tarea o envío, para una misión.

Así lo vivió el Pueblo de Dios en el Antiguo Testamento (Gn 12,1-9); lo vivieron cada uno de los profetas veterotestamentarios (Jer 1,5); Jesús de Nazaret mismo (Mt 3,13-17) y cada discípulo en cada tiempo y lugar (Mc 16,15).

Los evangelios sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas), cada uno a su modo, concluyen con el mandato evangélico: “Id al mundo entero y proclamad el Evangelio” (Mc 16,15). Tarea que, como su nombre lo indica, consiste en ir impregnando las relaciones interpersonales, las instituciones y estructuras sociales y todas las realidades temporales, con la lógica de Cristo y de su Evangelio, con la sabiduría y criteriología del Evangelio, que es distinta a la lógica del mundo y que nos pide “amarnos los unos a los otros…”(Jn 13,34), en el reconocimiento de que somos hermanos, hijos del mismo Padre.

2. La misión trata de ser un testimonio vivo del Evangelio

La tarea misionera de la Iglesia consiste en la instauración del reinado de Dios en el mundo. Soberanía de Dios que acontece en las realidades históricas y terrenales, cuando hacemos la voluntad de Dios-Padre vivida y enseñada por el Hijo que consiste en que nos amemos los unos a los otros (Jn 13,34).

Dicho al revés, cuando no nos amamos, no hacemos la voluntad de Dios sino la nuestra y no reina Dios sino nuestros caprichos e intereses, casi siempre mezquinos, el caos, la violencia y mil formas de destrucción y muerte.

Se trata de ser un testimonio y siembra del evangelio, de la Palabra de Dios, que es Cristo mismo, verbo del Padre, de su Buena Noticia, que se constituye en una lógica, la de Dios, lógica de la cruz como la llamó Pablo (1 Cor 1,18) y que – contraria a la del mundo – engendra para los cristianos de todos los tiempos persecución y cruz y, con ello, el sello testimonial y martirial que autentica la vida del verdadero discípulo de Cristo: “El que quiera seguirme que tome su cruz…” (Mt 16,24). Porque los discípulos – dicho en Juan – “estamos en el mundo pero no somos del mundo” (Jn 15,19).

3. La misión no es solo para personas de territorios lejanos, sino diaria y cotidiana

Desde el Vaticano II y, en los últimos años, especialmente bajo el Pontificado de Francisco, vamos superando un concepto meramente geográfico de misión y migrando hacia un concepto teológico-misional.

Porque vamos entendiendo que la misión no ocurre sólo entre personas, comunidades o territorios lejanos, agrestes, tradicionalmente ajenos al evangelio u olvidados por la Iglesia en su tarea evangelizadora. Ni que trata tampoco la misión de una tarea conquistadora, colonialista, imperialista, avasalladora y arrasadora de culturas aborígenes.

Muy por el contrario, la tarea misionera debe ser conscientemente ejercida a diario, por cada discípulo, en la cotidianidad de la existencia, del diario vivir y del diario peregrinar con nuestra fe, en medio de los ambientes, también cotidianos, en los que vivimos, celebramos y testimoniamos nuestro discipulado en Cristo.

4. Todos somos misioneros y necesitamos de la misión

La Iglesia de Cristo y cada cristiano en particular se reconoce hoy, además, de evangelizadora y misionera, necesitada, al mismo tiempo, de ser evangelizada y misionada al interior de sí misma. Es decir, en permanente estado de conversión ad intra de la comunidad de discípulos. Conversión que consiste en la renovación y adecuación de nuestras mentes (Cfr. Ef 4,23) y vidas a la mente, vida, principios, valores y caminos del evangelio de Jesucristo, para que – parafraseando a la Sagrada Escritura – “nuestros caminos y pensamientos sean los caminos y pensamientos de Dios” (Is 55,8ss) y no merezcamos escuchar el regaño de Jesús a Pedro: “Apártate de mí, Satanás, porque tú piensas como los hombres, no como Dios” (Mt 16,23).

· Pastoral Profética: “Acudían asiduamente a la enseñanza de los apóstoles…daban testimonio con gran poder de la resurrección del Señor… realizaban muchos prodigios y señales”

· Pastoral Litúrgica: “Acudían asiduamente a la comunión, a la fracción del pan y a las oraciones. Acudían al Templo todos los días con perseverancia y con un mismo espíritu, partían el pan por las casas y tomaban el alimento con alegría y sencillez de corazón. Alaban a Dios…”

· Pastoral Social: “Tenían todo en común; vendían sus posesiones y sus bienes y repartían el precio entre todos, según la necesidad de cada uno. Nadie llamaba suyos a sus bienes, sino que todo era en común entre ellos. No había entre ellos ningún necesitado…”

Tres dimensiones pastorales que en cada iglesia particular y parroquial, en cada comunidad cristiana, han de darse y realizarse en una relación intrínseca e indisoluble de tal manera que cada una de estas dimensiones de la evangelización se enriquecen, se requieren y se complementan entre sí y, además, estas tres dimensiones constituyen la identidad, catolicidad y especificidad de la Iglesia de Cristo en el Mundo.

5. Signo de autenticidad y compromiso con la vida cristiana

La tarea misionera ha sido y tiene que ser siempre el signo de la autenticidad de la vida cristiana. Del mismo modo que la ausencia de conciencia y tarea misionera de los cristianos en Iglesia y para el mundo es la prueba más fehaciente de una Iglesia que va perdiendo autenticidad, esencia, autenticidad, razón de ser, verdad y sentido en el mundo.

La tarea misionera es la tarea de la Iglesia, de toda la Iglesia, y nuestro compromiso bautismal y misionero nos urge a todos a la reflexión, a la oración, pero especialmente a la acción testimonial cotidiana de nuestro seguimiento de Jesucristo.

Cada uno de los cristianos ha de compartir su “tesoro escondido, la perla de gran valor (Mt 13,44ss) para la búsqueda de felicidad que experimenta todo hombre y mujer que viene a este mundo, para la salvación o vida plena y eterna que los cristianos hemos de encontrar y vivir en el acontecimiento cristiano.

La transformación y renovación del rostro de la Iglesia en el Mundo, entonces, no consiste en inventar nada nuevo sino en volver a las fuentes del cristianismo, al cumplimiento del mandato de Jesús y al testimonio en Pentecostés de las primeras comunidades cristianas: “Ir por el mundo entero predicando el Evangelio” (Mc 16,15ss).

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Cruel disyuntiva: Pagar la deuda o matar de hambre

A pesar del férreo control político la gobernabilidad se tambalea en Venezuela

Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica Guatemala, Honduras, México. Panamá, Paraguay y Perú han condenado la ruptura democrática en Venezuela. Si bien, tiempo atrás, los países en la OEA callaban ante los excesos del poder en otros países del continente, por temor a sanciones que bien podrían un día afectarlos, hoy parece que les importa, más bien, deslindarse de los autócratas a fin de conservar cierto margen de estabilidad y gobernabilidad.

La gobernabilidad en Venezuela no está en juego por alzamientos ni protestas. El cuadro ha cambiado. Lo que hace endeble al gobierno es la crisis social que se lleva por delante a políticos y partidos y ante la cual toda solución se presenta insuficiente en este desvencijado marco institucional. Tal y como van las cosas, el colapso en los servicios públicos y la carestía combinada con la escasez son los grandes “líderes” que no van a elecciones y, sin embargo, arrasan. Resulta paradójico: el cúmulo de poder que el gobierno amasa sea, justamente, su mayor fragilidad. Algunos historiadores sostienen que eso es indicativo de una fase terminal.

Venezuela pagará a tiempo los más de 3.500 millones de dólares de deuda que le corresponde abonar entre octubre y noviembre de este año, pero lo hará a costa de las importaciones de productos básicos acentuando el desabastecimiento de alimentos, medicinas y otros bienes que ya vive este país caribeño.

“El Gobierno va a seguir con la política que tuvo en 2016 de pagar la deuda sacrificando las importaciones y eso es la escasez, eso es la carestía, las carencias que vemos en los productos fundamentales, medicinas y alimentos”, dijo el diputado opositor José Guerra desde su escaño en la Cámara, el único poder en manos de la oposición.

La Asamblea Nacional Constituyente podría haber sido la carta que el gobierno jugara para validar internacionalmente decisiones y operaciones que no están dispuestos a someter al Parlamento. Pero, debido a la inconstitucionalidad de la instancia a través de la cual el régimen ejerce el poder absoluto, no es reconocida fuera del país. El serrucho está trancado, pues buena parte de la comunidad internacional no reconoce la legitimidad de este suprapoder. Es fuerte dentro pero muy enclenque fuera.

Cada vez, quien se aísla y se obstruye es el propio gobierno cuya gestión autoritaria vale sólo entre las cuatro paredes de sus límites geográficos. A Venezuela le quedan los préstamos de Rusia y China a PDVSA y otros mecanismos no sujetos a la aprobación del Parlamento, pero los analistas dudan de la fortaleza del músculo económico de Moscú para satisfacer las necesidades de Caracas, y no ven al gigante asiático dispuesto a continuar aportándole capital.

Guerra alertó acerca de la perspectiva para el año que viene pues el país debe afrontar pagos externos que corresponden a “casi la mitad del ingreso petrolero” de Venezuela, mucho mayores que los de este final de 2017, y el Estado deberá seguir sacrificando importaciones y “vender el oro” de unas reservas que ya llevan mucho tiempo cayendo.

Clarividente fue el obispo de Carúpano –estado Sucre, al oriente de Venezuela-, Mons Jaime Villarroel, cuando dijo a la prensa internacional en Septiembre de este año: “Los obispos tenemos mucha preocupación por la situación de Venezuela porque vemos que cada vez se agrava más. La oposición está dividida y muy debilitada. El Gobierno cada vez les cede menos espacios y si consiguen alguna cuota de poder, enseguida les es arrebatada por la fuerza”. Es exactamente lo que está ocurriendo en estos momentos. También relató como la política económica está hundiendo cada vez más al país. “Hay mucha falta de comida y medicinas –agregó- En Venezuela hay más de 20.000 neonatos muertos al año por falta de asistencia médica. En mi diócesis, los niños y los ancianos se están muriendo de hambre. La humillación que pasan los ancianos para cobrar una pensión es indignante. La población vive una situación de abandono total y está desanimada y desesperada. La Iglesia está procurando acompañar a los que sufren y dar esperanza a la gente”.

No tiene muchas opciones el gobierno ante el desastre social en que está sumido el país. Puede ganar o manipular elecciones, pero ya eso poco importa. El férreo control político no garantiza ayuda desde fuera y menos producción interna que pueda capear el temporal. Desde la calle, amenaza el hambre y una población defraudada, con la irascibilidad en los máximos, que poco reconoce liderazgos o acata directrices. He allí la verdadera bomba de tiempo en que está sentado Maduro y cada uno de los gobernadores de estado. Igual vale para los responsables de conducir el sentimiento opositor.

La corrupción desatada, a todo nivel, engulle lo poco que derrama para importar los insumos básicos. Los sobre precios van a parar a los bolsillos de los funcionarios, los negociados suman montos alucinantes y la distribución, condicionada al carnet político, están tensando la cuerda más de lo que quienes diseñaron este proyecto de caos están en capacidad de controlar. No hay gerencia para semejante maraña. Y mucho menos asidero para un elenco en el poder que debería estar muy preocupado por escuchar crecer la hierba.

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