6 ejercicios para vencer el orgullo

Hablar del orgullo y plantear estrategias y formas para vivir alejado de él es cosa difícil, entonces me entusiasmo a proponerte algunas ideas que espero que no sean solo teoría, palabrería y frases bonitas para luego compartir en redes sociales, pero que nadie es capaz de poner en práctica.

De hecho, el orgullo nos hace un poco eso. Nos presentamos como cristianos (y compartimos cosas en Internet) pero  nos cuesta reconocer que el ser y vivir como tal nos queda grande. Nos damos poco espacio para reconocer, con las mismas fuerzas, nuestras fragilidades y pecados.

Lo que quiero es ayudarte con el asunto que nos convoca: el orgullo. Su definición nos ayuda a mirarlo como algo no muy ajeno a nuestra realidad: “Exceso de estimación hacia uno mismo y hacia los propios méritos por los cuales la persona se cree superior a los demás”.

Debemos amarnos a nosotros mismos, es de hecho, algo que Jesús nos pide, pero el problema es cuando la balanza se nos carga para uno de los dos lados (generalmente el nuestro).

¿Pero cómo hago para seguir escribiéndote sin ponerme como alguien superior a ti? Es una tentación recurrente. Yo estoy en la misma lucha que tú, entonces quiero proponerte algunos ejercicios espirituales, para mirar hacia dentro de nosotros mismos, no con un afán inquisidor y justiciero, sino que con el mismo amor con el que Dios mira nuestros corazones, para ir por más y convertirnos verdaderamente. Acá van:

1. Conócete a ti mismo

Aquí está la piedra fundante del asunto. Cuando el autoestima falla generalmente hay dos caminos: nos vamos a pique o nos inflamos de fantasía.

Cuando no somos capaces de reconocer quiénes realmente somos y no valoramos lo que Dios ha creado en nosotros, podemos tropezar con una piedra de orgullo que nos escuda para que nuestras vulnerabilidades de carácter queden a salvo y nuestra fragilidad no se vea herida.

Conocernos a nosotros mismos es importante, pues, encontrarnos con nuestros propios límites nos ayuda a valorar de forma más objetiva quiénes somos y eso es el primer paso para evitar caer en una “excesiva estimación de uno mismo”. Somos buenos, sí; somos frágiles también; sí, todo eso en un mismo envase.

2. Ejercita unos oídos que escuchen con amor

Aun cuando consideremos injusta alguna crítica o comentario, abramos los oídos con humildad, buscando, aunque sea difícil, lo bueno y edificante que haya en esas palabras. Nada más torpe de nuestra parte que hacer oídos sordos cuando creemos que alguien no tiene la razón. Todos tenemos razones desde nuestro punto de vista y hacer al menos el esfuerzo por atender y retener lo que se nos dice, habla bien de nosotros y nos ayuda a descubrirnos.

3. Reconoce el tesoro que hay en los demás

Nos pasa que subestimamos a los demás. San Alberto Hurtado tenía una expresión que se hizo muy popular sobre cómo hacer apostolado: “un fuego que enciende a otro fuego” (si deseas te recomiendo el libro). Él decía que en los demás hay un fuego que ya existe, (aunque sean brasas) nosotros no hacemos más que encenderlo, darle nuevas fuerzas. Aun en la gente más sencilla o incluso en los que confiesan públicamente no tener fe, hay algo de Dios, algo de historia y no podemos pasar sobre ella.

El papa Francisco tocó el tema en una de sus homilías, explicando que es “ponerse en un plano de superioridad del tipo que fuese, sintiendo que no se comparte la “común vida de los mortales”, y que se reza todos los días “gracias Señor porque no me has hecho como ellos”. 

La próxima vez que tengas la oportunidad de confiar algo delicado a alguien, hazlo. Que el celo y la desconfianza sobre las habilidades y características del otro no te jueguen en contra. Busca formas de confiar en los demás, de descubrir de qué son capaces y de que hay cosas buenas en ellos. Da un paso al costado, un paso de humildad.

4. No se trata de cuánto tienes sino de cuánto puedes dar

No es que podamos inflar el pecho pensando en cuánto tenemos de Él, porque Él ya nos lo dio todo; sino se trata de cuánto estamos dispuestos nosotros a darle. Si hay algo de lo que con justicia podríamos sentirnos orgullos (tal como san Pablo en sus últimos días) es de haber peleado el buen combate, de haberlo entregado todo a Jesús y haber renunciado incluso a nuestros propios planes.

Te invito a hacer un recuento del último tiempo, no de las experiencias formativas, galardones y reconocimientos recibidos. No te midas a ti mismo en logros, mídete más bien en esfuerzo, en renuncia, en entrega. ¿A qué cosas difíciles has tenido que renunciar para ayudar a otros a crecer? Que esa lista no quede en un papel, sino en tu corazón, para que cada vez tengas cosas nuevas que ir agregando.

5. Ten a alguien con autoridad sobre ti

Se trata de alguien (no tan cercano a ti como un familiar o tu pareja) que pueda mirar tu vida con objetividad. Alguien a quien rendir cuentas (ya sea un director espiritual, un acompañante, un hermano mayor o lo que quieras). Esto te ayudará no solo a reorientar las decisiones y mirar la vida en comunidad, sino que es un ejercicio de humildad que desplaza al orgullo.

Abrir el corazón a alguien y reconocer que nos cuesta y que necesitamos un empujoncito no es señal de debilidad, sino de grandeza y humildad. El mismo Jesús pidió compañía a sus amigos cuando la noche se puso más oscura que de costumbre en el Getsemaní.

6. Busca ayuda (ser cristiano no es cosa de superhéroes)

Este camino es importante que no lo recorras solo. Busca ayuda, consejo y soporte en otros. Desprenderse del orgullo sí o sí te ayuda a reconocer que no lo puedes todo por ti solo, que necesitas de otros y que necesitas de Dios. Aceptar las propias limitaciones (sobre todo las que tienen que ver con la lucha espiritual y con la conversión personal) tiene todo que ver con el vivir comunitariamente estos procesos. No tenemos súper poderes para ir solitarios enfrentando las dificultades, Dios nos hizo vulnerables para que vivamos estas cosas junto a otros y junto a Él.

Tomar tiempo a diario para compartir los sufrimientos y las luchas con otros, gente de confianza, espiritual (pero también con Dios) es una forma muy importante de dar la pelea contra el orgullo y las muchas otras tentaciones que nos va poniendo el enemigo.


Finalmente quiero exhortarte para que el mirar la propia vida e invitar a los demás a hacer lo mismo, no sea solo un ejercicio previo a las grandes decisiones o problemas de tu vida. Caminar hacia la santidad no es algo que se pueda resolver con 5 o 10 consejos, sino que es justamente eso, un camino.

Ten en cuenta eso y además busca vivir estos consejos, cosa que la próxima vez que ese desagradable amigo nuestro, el orgullo, vuelva a hacer su aparición, nos encuentre mejor equipados para darle la pelea.

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¿Cansado de los reproches de tu mujer? Gana puntos

El matrimonio no es cuestión de trueques sino de cooperación mutua

¿Tu esposa no te deja ir a practicar el paintball? ¿Has tenido que devolver las entradas para el partido de fútbol después de una fuerte pelea en casa? ¿O bien, para ahorrarte escuchar sus reproches, ni siquiera mencionas que tus compañeros de trabajo quieren ir a la bolera el sábado?

Es posible que tu mujer esté exagerando. Tal vez sea injusta y posesiva. Pero tal vez, has sido tú mismo quien se lo ha ganado. O, en realidad no te lo has ganado – no has recogido suficientes puntos en el paquete de fidelidad conyugal.

¡Da igual si se trata de una gasolinera, una tienda de ropa o de… matrimonio! Las reglas son casi las mismas: recoges los puntos y los canjeas por los premios. Así que, empieza tan pronto como sea posible para compensar las pérdidas: 20 puntos por reponer el rollo de papel higiénico, 25 por tirar la basura, 50 puntos por lo mismo, pero sin tener que recordarlo, 80 por dormir a los niños y 1000 por quedarse con ellos durante todo el día, cuando la mamá quiere disfrutar de un día libre.

Sé que esto puede parecer absurdo o ridículo, pero seamos sinceros: ¿no es así en realidad? Y no, no estoy diciendo que el matrimonio es solamente el trueque. Está claro que una relación tan estrecha con otro ser humano lleva consigo mucho, muuuucho más. Así que, de nuevo subrayo: no se trata de un contrato, de un trueque o de una manipulación.

No finjamos, sin embargo, que “la disposición mutua para servirse” (y hablando con más precisión: para servirse el uno al otro) no forma parte del matrimonio. Un sabio dijo una vez: “¡Si alguno quiere ser el primero, que sea el último de todos y que les sirva a todos!”. Piensa, por lo tanto, no en ¿cuánto te puede dar tu cónyuge, sino cuánto le puedes dar tú a él?

Tal vez ayudes mucho en las tareas domésticas y en el cuidado de los niños, pero la verdad es que no se trata de ayuda. Porque la casa, los niños, el matrimonio – no es cuestión de la esposa o del esposo. No es que uno de los dos ha de dedicarse a ello, y el segundo le ayude amablemente.

Por favor, me tenéis que comprender correctamente: yo no pretendo decir que no es correcto compartir responsabilidades, todo lo contrario, es imposible no compartirlos sin volverse locos.

El quid de la cuestión consiste en cambiar el enfoque de hacer las cosas y no pensar que “un pedazo de mi jardín está arreglado, ocúpate del tuyo tú mismo / tú misma”, hazte responsable de todo… todo lo relacionado con nuestra familia: del orden en la casa, la educación de los niños, la seguridad financiera y las relaciones con los suegros.

Esto se aplica a ambas partes, a los hombres y a las mujeres. A la larga, ir quemándose sin recibir nada a cambio, es imposible y que no es éste el propósito o el sentido del matrimonio.

Sin embargo me dirijo más a vosotros, los hombres, porque después de todo, me parece que el compromiso total se les da de forma mucho más natural a las mujeres (aunque, por supuesto, sin duda habrá excepciones a esta regla). El servir, el cuidar, el sacrificarse parece como si estuviera inscrito en la forma femenina de entender el amor. Creo que lo tenía en la mente George Bernard Shaw cuando dijo que “el amor en la vida del hombre es un episodio; en la mujer es toda la existencia”.

Entiendo que trabajas duro, a menudo haces horas extra, y cuando llegas a casa, necesitas un momento de silencio y tranquilidad. En su lugar, tan pronto como se abre la puerta tu esposa te entrega al bebé y el tono de reproche, te pregunta “¿por qué has tardado tanto?”.

Porque ella siente exactamente lo mismo – está agotada y necesita un momento de paz y tranquilidad, y al mismo tiempo, ¿tal vez como tú, se siente completamente infravalorada? ¿Quién, por lo tanto, se merece más este momento de paz? ¿Quién trabajó más? ¿Vamos a negociarlo?

Al igual que en cualquier misión importante, alguien tiene que dar el primer paso. Alguien tiene que romper el bucle de expectativas mutuas y elevarse por encima de “¡también me lo merezco!”.

Si estás orientado a la tarea como mi marido, puede ayudar un juego para acumular puntos. Por supuesto, es sólo una comparación, de la que nosotros mismos nos reímos, por ejemplo: percibiendo una discusión inminente, lanzó a veces con tono amenazante un: “¡Ay, caerán puntos negativos!”, pero el juego vale la pena.

Hay algunos meses cuando todo el caos de la casa recae en mí, y aunque me es muy difícil, sé que no es una cuestión de comodidad ni de pereza, sino que mi marido trabaja entonces como un buey, y lo hace por nosotros.

Vuelve tarde, a veces por la noche, así que no le quedan fuerzas para poner el lavavajillas. Pero lo entiendo. Sé que en las condiciones “normales” (es decir, cuando “no cae rendido” en el ascensor), participa en todas las actividades de la casa. Así que, si fuera del estado de emergencia, nuestra vida cotidiana ordinaria, sirve de base completa para recoger puntos en casa, y no sólo en el trabajo.

Pero cuidado, si ya has implementado los principios básicos, debes saber que existe un mayor nivel de juego, nivel avanzado. Es un reto para los duros, ya que sus reglas son muy exigentes.

Esta variante del juego radica en el hecho de que incluso si estás durante el estado de emergencia, cuando vuelves por la noche estresado y realmente sin fuerzas, es cuando pones el lavavajillas o te levantas en la mañana del sábado para ocuparte de los niños (y adicionalmente, un bono más premiado: ¡le traes el desayuno a tu mujer a la cama!).

Cuando mi marido, a pesar de la fatiga, está dedicando el tiempo más precioso del día, que llamamos “cuando los niños están durmiendo” para desatascar el fregadero, incluso me da pena. Cuando le digo “Cariño, no lo tenías que hacer, mañana lo arreglaría poco a poco” y escucho en respuesta: “Lo sé, pero quería ayudarte un poco”. Entonces le estoy agradecida totalmente.

Cuando supo que no sería capaz de ayudarme a limpiar el apartamento antes de las Pascuas, buscó a una asistenta de hogar para la limpieza de la casa y para el lavado de las ventanas.

Los miércoles trata de salir de trabajo más temprano y me da la oportunidad de salir de casa. A veces lo puede hacer, a veces no, pero aunque sólo sea un gesto, ya hace milagros.

Él me envía una señal: me preocupo por ti, sé que lo estás haciendo por nosotros, que es un trabajo duro y que necesitas un descanso. Entonces siento que soy una prioridad para él, y me siento amada.

Entonces es mucho más fácil para mí entender su necesidad de pasar tiempo lejos de casa cuando siento que él cuida de mí, incluso quiero que salga, que quede con la gente”. Porque vuelve a casa un marido “mejor”: inspirado por una conversación con un amigo, relajado después de nadar en la piscina o muy positivo después de ir al campo de fútbol para ver el partido.

Ambos necesitamos descansar del trabajo o de la casa. Cerrarse en este fundamental, aunque numeroso equipo, no es bueno para nadie.

Así que, si quieres ir a tomar una cerveza con sus amigos de vez en cuando o sólo a pescar sin escuchar los reproches de tu otra mitad, puedes mirar alrededor, por tu casa y adivinar lo que hay hace falta hacer (incluso cuando te parece que no hace falta nada, es sólo una ilusión, la mujer sabe que siempre hay algo que hacer;)) y trata de ganar puntos.

Se traducirán no sólo en tu exitosa salida, sino en general en una mejor relación – os garantizo un mejor ambiente en el hogar y mucha más amabilidad entre los dos.

La decisión de participar en el paquete de fidelidad puede cambiar un matrimonio, porque en una relación sana, de un regalo nace otro regalo, de la dedicación nace dedicación, y de éstos a su vez florece el agradecimiento. Así que, tendrás tu recompensa.

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“Vete, lávate”

Día litúrgico: Domingo IV (A) de Cuaresma

Texto del Evangelio (Jn 9,1-41):En aquel tiempo, al pasar Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento. Y le preguntaron sus discípulos: «Rabbí, ¿quién pecó, él o sus padres, para que haya nacido ciego?». Respondió Jesús: «Ni él pecó ni sus padres; es para que se manifiesten en él las obras de Dios. Tenemos que trabajar en las obras del que me ha enviado mientras es de día; llega la noche, cuando nadie puede trabajar. Mientras estoy en el mundo, soy luz del mundo». Dicho esto, escupió en tierra, hizo barro con la saliva, y untó con el barro los ojos del ciego y le dijo: «Vete, lávate en la piscina de Siloé» (que quiere decir Enviado). El fue, se lavó y volvió ya viendo.

Los vecinos y los que solían verle antes, pues era mendigo, decían: «¿No es éste el que se sentaba para mendigar?». Unos decían: «Es él». «No, decían otros, sino que es uno que se le parece». Pero él decía: «Soy yo». Le dijeron entonces: «¿Cómo, pues, se te han abierto los ojos?». Él respondió: «Ese hombre que se llama Jesús, hizo barro, me untó los ojos y me dijo: ‘Vete a Siloé y lávate’. Yo fui, me lavé y vi». Ellos le dijeron: «¿Dónde está ése?». El respondió: «No lo sé».

Lo llevan donde los fariseos al que antes era ciego. Pero era sábado el día en que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. Los fariseos a su vez le preguntaron cómo había recobrado la vista. Él les dijo: «Me puso barro sobre los ojos, me lavé y veo». Algunos fariseos decían: «Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado». Otros decían: «Pero, ¿cómo puede un pecador realizar semejantes señales?». Y había disensión entre ellos. Entonces le dicen otra vez al ciego: «¿Y tú qué dices de Él, ya que te ha abierto los ojos?». Él respondió: «Que es un profeta».

No creyeron los judíos que aquel hombre hubiera sido ciego, hasta que llamaron a los padres del que había recobrado la vista y les preguntaron: «¿Es éste vuestro hijo, el que decís que nació ciego? ¿Cómo, pues, ve ahora?». Sus padres respondieron: «Nosotros sabemos que éste es nuestro hijo y que nació ciego. Pero, cómo ve ahora, no lo sabemos; ni quién le ha abierto los ojos, eso nosotros no lo sabemos. Preguntadle; edad tiene; puede hablar de sí mismo». Sus padres decían esto por miedo por los judíos, pues los judíos se habían puesto ya de acuerdo en que, si alguno le reconocía como Cristo, quedara excluido de la sinagoga. Por eso dijeron sus padres: «Edad tiene; preguntádselo a él».

Le llamaron por segunda vez al hombre que había sido ciego y le dijeron: «Da gloria a Dios. Nosotros sabemos que ese hombre es un pecador». Les respondió: «Si es un pecador, no lo sé. Sólo sé una cosa: que era ciego y ahora veo». Le dijeron entonces: «¿Qué hizo contigo? ¿Cómo te abrió los ojos?». Él replicó: «Os lo he dicho ya, y no me habéis escuchado. ¿Por qué queréis oírlo otra vez? ¿Es qué queréis también vosotros haceros discípulos suyos?». Ellos le llenaron de injurias y le dijeron: «Tú eres discípulo de ese hombre; nosotros somos discípulos de Moisés. Nosotros sabemos que a Moisés le habló Dios; pero ése no sabemos de dónde es». El hombre les respondió: «Eso es lo extraño: que vosotros no sepáis de dónde es y que me haya abierto a mí los ojos. Sabemos que Dios no escucha a los pecadores; mas, si uno es religioso y cumple su voluntad, a ése le escucha. Jamás se ha oído decir que alguien haya abierto los ojos de un ciego de nacimiento. Si éste no viniera de Dios, no podría hacer nada». Ellos le respondieron: «Has nacido todo entero en pecado ¿y nos das lecciones a nosotros?». Y le echaron fuera.

Jesús se enteró de que le habían echado fuera y, encontrándose con él, le dijo: «¿Tú crees en el Hijo del hombre?». El respondió: «¿Y quién es, Señor, para que crea en él?». Jesús le dijo: «Le has visto; el que está hablando contigo, ése es». Él entonces dijo: «Creo, Señor». Y se postró ante Él. Y dijo Jesús: «Para un juicio he venido a este mundo: para que los que no ven, vean; y los que ven, se vuelvan ciegos». Algunos fariseos que estaban con él oyeron esto y le dijeron: «Es que también nosotros somos ciegos?». Jesús les respondió: «Si fuerais ciegos, no tendríais pecado; pero, como decís: ‘Vemos’ vuestro pecado permanece».

Comentario del Rev. D. Joan Ant. MATEO i García (La Fuliola, Lleida, España)

Hoy, cuarto domingo de Cuaresma —llamado domingo “alegraos”— toda la liturgia nos invita a experimentar una alegría profunda, un gran gozo por la proximidad de la Pascua.

Jesús fue causa de una gran alegría para aquel ciego de nacimiento a quien otorgó la vista corporal y la luz espiritual. El ciego creyó y recibió la luz de Cristo. En cambio, aquellos fariseos, que se creían en la sabiduría y en la luz, permanecieron ciegos por su dureza de corazón y por su pecado. De hecho, «No creyeron los judíos que aquel hombre hubiera sido ciego, hasta que llamaron a los padres del que había recobrado la vista» (Jn 9,18).

¡Cuán necesaria nos es la luz de Cristo para ver la realidad en su verdadera dimensión! Sin la luz de la fe seríamos prácticamente ciegos. Nosotros hemos recibido la luz de Jesucristo y hace falta que toda nuestra vida sea iluminada por esta luz. Más aun, esta luz ha de resplandecer en la santidad de la vida para que atraiga a muchos que todavía la desconocen. Todo eso supone conversión y crecimiento en la caridad. Especialmente en este tiempo de Cuaresma y en esta última etapa. San León Magno nos exhorta: «Si bien todo tiempo es bueno para ejercitarse en la virtud de la caridad, estos días de Cuaresma nos invitan a hacerlo de manera más urgente».

Sólo una cosa nos puede apartar de la luz y de la alegría que nos da Jesucristo, y esta cosa es el pecado, el querer vivir lejos de la luz del Señor. Desgraciadamente, muchos —a veces nosotros mismos— nos adentramos en este camino tenebroso y perdemos la luz y la paz. San Agustín, partiendo de su propia experiencia, afirmaba que no hay nada más infeliz que la felicidad de aquellos que pecan.

La Pascua está cerca y el Señor quiere comunicarnos toda la alegría de la Resurrección. Dispongámonos para acogerla y celebrarla. «Vete, lávate» (Jn 9,7), nos dice Jesús… ¡A lavarnos en las aguas purificadoras del sacramento de la Penitencia! Ahí encontraremos la luz y la alegría, y realizaremos la mejor preparación para la Pascua.

Artículo originalmente publicado por evangeli.net

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Estudiante chino revela cómo régimen comunista controla la religión en universidades

Quienes practican su fe en las universidades resultan expulsados, sean estudiantes o profesores

La difícil situación de los creyentes en China a causa de las violaciones a la libertad religiosa sigue siendo un tema de gran relevancia para la Iglesia. además de las fuertes intromisiones gubernamentales en la vida de la Iglesia que originaron la división entre las comunidades “oficial” y “subterránea”, un testimonio reciente revela la manera como el control sobre las religiones se ejerce en otros ambientes como el académico. Quienes practican su fe en las universidades resultan expulsados, sean estudiantes o profesores.

La denuncia fue realizado por el informativo del Pontificio Instituto para las Misiones Extranjeras, AsiaNews, el cual publicó el testimonio de un estudiante que reserva su identidad y que describe el intrincado sistema que permite al régimen tener un control estricto sobre la fe en los ámbitos académicos. “En la Universidades de la República Popular China, funciona una estructura extraordinaria que tiene como finalidad controlar todas las actividades de las religiones, bajo el nombre de grupo de ‘Guía para las actividades religiosas’”, describió el estudiante. Este organismo puede hacer parte del Grupo de Guía para las actividades del Frente Unido.

Los integrantes de los grupos guía para controlar las actividades religiosas pertenecen a todos los estamentos de la comunidad educativa, de forma que cuentan con información de primera mano sobre las actividades de todos los miembros de la comunidad. Desde un Secretario delegado del Partido, un Rector delegado y un vicerrector hasta responsables de propaganda, de la comisión Disciplinar, actividades de investigación, actividades estudiantiles, comunicaciones con el extranjero y seguridad.

“La existencia de semejante red de control de tal intensidad significa, sin duda, que todos los creyentes religiosos que estudian o enseñan en China, están bajo estricta vigilancia y están rodeados de informadores de las autoridades”, explicó el estudiante. “A menudo ellos se hacen pasar como amigos o asistentes, camuflándose como estudiantes o docentes”. Según AsiaNews, este control busca revertir el avance de la fe en el ámbito académico, donde hasta un 60% de los miembros han mostrado interés por conocer el cristianismo.

La red de control fue fortalecida para implementar prohibiciones como la de la celebración de la Navidad y difundir la noción de que la fe cristiana constituye una supuesta “contaminación espiritual” proveniente de Occidente. La situación no sólo afecta a los nacionales chinos, según el estudiante: “Todos los extranjeros, sean éstos estudiantes o docentes, están en la mira y corren el riesgo de ser instrumentalizados”, concluyó. “Por ejemplo, se les brinda información errada adrede, para confundir su percepción sobre las situaciones”.

Artículo publicado en Gaudium Press, con información de AsiaNews.

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Crisis demográfica en España: ¿Cuánto cuesta un hijo?

Suzanne Clements | Stocksy United

Cada vez es mayor la tendencia a tener una menor cantidad de hijos y más tarde, ¿por qué?

Más costes, menos hijos

En el Primer Mundo los gastos por hijo son cada vez mayores, pero no de la misma manera. Mientras que en Estados Unidos, de media, las familias invierten 245.000 de dólares en el Reino Unido llegan a los 272.000.  En España, según un estudio del año 2006 de la Confederación Española de Amas de Casa, Consumidores y Usuarios (CEACCU), los costes variaban desde los 98.205 euros hasta los 310.274.

Demografía

Variación de nacimientos por cada mil habitantes, entre el inicio de la crisis hasta el 2012, y la población actual en términos absolutos. Fuente: INE, DatosMacro. Elaboración Propia

Los costes a partir de los tres años se disparan. Eroski Consumer y CEACCU calculan que se destina hasta 9.000 euros anuales en elementos como uniformes, libros o ropa. Ya entrados en la etapa que comprende entre los seis y los doce, la inversión aumenta por la demanda de productos tecnológicos como los videojuegos (10.000 euros). Luego se le añaden los móviles o las actividades extraescolares. Son tales los gastos y la poca cultura de conciliación laboral con la familiar en España que, según la profesora del IESE Esther Jiménez, el niño pasa de ser de una inversión a un gasto.

Las empresas que ofrecen productos al mercado infantil se han dado cuenta que la tendencia actual es la de menos hijos pero con un gasto mayor, tal como lo afirma el profesor de marketing de ESADE Carlos Torrecilla. Este sector del mercado, que supera los 190.000 millones de euros a nivel mundial y que se estima a que llegue en 2020 a los 236.000 millones, ha visto como los tarritos infantiles han llegado a suponer la mitad de su volumen de negocio  en 2016.

Una generación quebrada

Uno de los efectos más negativos desde el inicio de la crisis ha sido el latigazo económico a las familias. La pérdida de renta mayor se ha producido en la de hogares compuestos por cuatro personas (26,9%). Este tipo de composición familiar, de dos hijos, es una de las mayoritarias en el país y la gran reducción de sus rentas significa un varapalo para la natalidad.

Demografía

Distribución del tipo de vivienda en la Unión Europea. Datos: EUROSTAT. Fuente: El blog de Daniel

Otro grupo gravemente afectado ha sido el de los jóvenes, cuyas medidas para paliar los efectos de la crisis en ellos (falta de oportunidades, emigración…) por parte del gobierno son pocas.

Como dato curioso, según lo recoge el Banco de España (BCE), la riqueza media de los hogares españoles se encuentra por encima de la media europea. Esto se debe al alto porcentaje de ciudadanos que son propietarios de sus viviendas (80%), muy por encima del resto de países de la Unión.

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Papa Francisco: ¿Padres, saben cuanto sufren sus hijos cuando los ven pelear?

El Pontífice encontró a los niños que recibieron la confirmación en el estadio San Siro en Milán

“No se imaginan el sufrimiento de los niños cuando sus padres pelean. ¡Sufren! Y cuando los padres se separan, la cuenta la pagan ellos. Cuando se trae un hijo al mundo deben tener conciencia de esto. Nosotros tomamos la responsabilidad de hacer crecer a este niño en la fe”, dijo el papa Francisco mirando a una pareja de padres de familia durante su visita apostólica a la ciudad de Milán este sábado 25 de marzo de 2017.

 Asimismo,”les invito a recordar quienes eran las personas que dejaron una huella en su fe. ¿Quien me ha ayudado a creer…la madre, el padre, el abuelo, la catequista, una tía, un cura, un vecino”, expresó el Papa al responder a la pregunta de una pareja con tres hijos, Monica y Alberto, sobre lo difícil que es hablar de la propia fe a los niños.

El Papa invitó a pensar en ello a todo un estadio en el escenario de San Ciro, en Milán en su última cita de la jornada. “Yo debo regresar con el pensamiento en Lombardi – un sacerdote de la diócesis de Lodi – un bravo sacerdote que me ha bautizado, algunas veces iba a la iglesia, a veces no, hasta que él me ha acompañado al noviciado – esto lo debo a ustedes lombardos – no me olvido jamás de este sacerdote, era un apóstol del confesionario; misericordioso, bueno y  trabajador. Así me ha ayudado a crecer en la fe”.

El Pontífice explicó el porque de este ejercicio. “Nuestros hijos nos están mirando todo el tiempo; aunque si no nos damos cuenta, ellos nos están mirando todo el tiempo y, mientras tanto aprenden”.

“Los niños nos miran- creo que es el título de una película de Vittorio de Sica del 1943-me gustaría decir que estas películas de después de la guerra han sido una verdadera catequesis de humanidad”, apreció Francisco.

Luego mirando a los padres, aseguró: “no se imaginan el sufrimiento de los niños cuando sus padres pelean. ¡Sufren! Y cuando los padres se separan, la cuenta la pagan ellos. Cuando se trae un hijo al mundo deben tener conciencia de esto. Nosotros tomamos la responsabilidad de hacer crecer a este niño”.

Francisco invitó a los padres a leer la exhortación apostólica, Amoris Laetitia, sobre el amor en el matrimonio – especialmente los primeros capítulos IV capítulos – . Y no olviden cuando un matrimonio pelea, los niños sufren y  no crecen en la fe”.

“Los niños – continuó – conocen nuestras alegrías, nuestras penas y preocupaciones. Se las arreglan para captar todo y se dan cuenta de todo, al igual son muy intuitivos, por eso sacan sus propias conclusiones y sus enseñanzas”, abundó.

Ellos “saben cuándo les hacemos trampas y cuando no. ¡Lo saben, son sagaces! Por lo tanto, una de las primeras cosas que les diría es: cuiden de ellos, cuiden de su corazón, de su alegría y de su esperanza”.

Los “ojos” de sus hijos día a día memorizan y leen con el corazón como la fe es una de los mejores herencias que hemos recibido de sus padres, de sus antepasados. ¡Ellos se dan cuenta!”.

Mostrar “la fe no con una aptitud pesimista, sino una actitud de confianza, este es el mejor testimonio que podemos darles. Hay un dicho: ‘Las palabras se las lleva el viento, pero aquello que se siembra en la memoria y en el corazón se queda por siempre”.

Asimismo, explicó que ir a la misa juntos es una bonita tradición que muchas familias en el mundo comparten. Familias que luego van a un parque, llevan a sus hijos a jugar juntos. Así que la fe se vuelve una necesidad de la familia con otras familias, familias amigas. Esto es bonito y ayuda a santificar el domingo”.

Francisco con ironía: “Sucede que se duerme durante la homilía, pero no sólo, luego hay que ir a jugar juntos”, arrancando los aplausos de la platea.

“Ahora, que empiezan los bonitos días de sol, que pueden ir a un parque a jugar vayan a un parque a jugar y estar juntos”, expresó.

En mi Tierra (Buenos Aires) esto se llama “dominguear”, que significa “pasar el domingo juntos”. “El mejor día para visitar a la familia, para estar relajado”.

Sin embargo, Francisco rememoró que muchos padres de familia a veces no tiene ni siquiera el domingo porque deben ir a trabajar para llevar el pan a sus hijos. “Esto se feo”.

Yo siempre pregunto a los padres de familia cuando pierden la paciencia con sus hijos  ¿Cuantos son? ¿Tu juegas con tus hijos? Los padres han perdido la costumbre de perder el tiempo con sus hijos.

Padre yo cuando salgo a trabajar están durmiendo y cuando regreso ya están en la cama: Y esto es feo. Es esta vida que nos quita humanidad. Pero, llévenlo en mente: Jugar con los hijos, perder el tiempo con los hijos y transmitir la fe. ¡Es la gratuidad!.

La educación familiar en la solidaridad. Por último, Francisco pidió de transmitir la fe a través de la solidaridad y con las obras de misericordia. “Me gusta poner el énfasis en la fiesta, en la gratuidad, en la búsqueda de otras familias y vivir su fe como un espacio de disfrute de la familia”.

Entretanto, afirmó: “no hay fiesta sin solidaridad”. Así como no hay solidaridad sin fiesta. Porque cuando uno es solidario es alegre y transmite el gozo”.

El Papa contó una anécdota de una mujer con tres hijos – ella cocinaba la carne – ‘mamá un pobre’ pide de comer. ¿Qué hacemos? ‘¿Le damos o no?’. Entonces, cortamos un la mitad de vuestra carne – ¿Pero, mamá?- Si la mamá enseñó a sus hijos la solidaridad- no la que sobra, sino la que se debe.

Una semana después la mamá fue a hacer las compras. Y dejó a los tres solos. Cuando llegó la mamá ya no habían tres, estaban cuatro…se sumó un indigente que había pedido limosna y lo han hecho entrar; estaban bebiendo juntos café y leche. Esto hace reír un poco. Pero esto es educar a la solidaridad y las obras de misericordia”, explicó.

El Papa recomienda una educación para los niños con la armonía de los tres lenguajes: corazón, mente y manos.

Por otro lado, el Papa Francisco recordó su infancia. Un niño del público preguntó a Jorge Mario Bergoglio: ¿quien le ha ayudado a crecer en la fe?. Y respondió: “Los abuelos”, sin penarlo mucho.

“¿Cómo padre, cómo pueden hacer crecer la amistad en Jesús los abuelos que son viejos, que no saben usar el computador, no saben usar el móvil?”, interrogó a los chicos.

El abuelo era carpintero como Jesús, rememoró. “El abuelo me enseñó a no ir a la cama sin decir una palabra a Jesús. Mi abuela me enseñó a rezar…los abuelos tienen la sabiduría de la vida”.

“Un consejo: hablen con los abuelos. Hagan todas las preguntas que quieran. Escuchen a los abuelos. ¿Entendido?- ‘sí’- se escuchó en coro en el estadio”.

Luego “jugar con los amigos”, “jugar bien, sin insultarnos, pensar que así jugaba Jesús: ¿Pero era Dios, Jesús jugaba? Sí, Jesús jugaba. Nos hace bien jugar con los amigos. Porque cuando el juego es limpio se aprende a respetar a los demás, se aprende a jugar en equipo, a trabajar todos juntos; esto nos une a Jesús, jugar con los amigos”.

¿Pelear con los amigos ayuda a conocer a Jesús? ‘No!!!!’, respondieron los chicos en coro. “Si uno pelea es normal. Pero después pedir disculpas y termina la historia. ¿Claro?”, respondió.

“Una tercera cosa que me ha hecho crecer en la amistad con Jesús es ir a la parroquia, ir al oratorio, reunirme con los otros; es muy importante”, abundó.

¿Les gusta ir a misa?, preguntó. – ‘Si’- dijeron los chicos. “No creo”. ¿les gusta ir a oratorio? – ‘si’- “esto si lo creo”. “Estas tres cosas nos ayudan a rezar y la oración es el hilo que nos une a Jesús”, aseguró Francisco.

Papa Francisco advierte a los chicos sobre bullying (bulismo) o la intimidación. ¿Conocen al alguien que ha sido victima de burla o maltrato por otros compañeros? ¿se burlan de algún compañero por sus defectos? Eso se llama bullying y es malo. ¡Por favor, prometan no hacerlo nunca! No hay que intimidar a los otros chicos porque son diversos o tienen dificultades.

El Pontífice aseguró que le preocupa mucho el bullying y ha pedido a los educadores y los padres de tener cuidado. 

Al final del encuentro, el Pontífice se trasladó al aeropuerto de Milán-Linate para regresar a Roma y al Vaticano.

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